La Genealogía de Jesús y nuestras raices en la Familia

“Libro del origen de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán: Abrahán engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob…  David engendró de la mujer de Urías a Salomón…  Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel… y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nación Jesús, llamado el Cristo”.

Así que el total de las generaciones son: desde Abrahán hasta David, catorce generaciones; desde David, catorce generaciones; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce generaciones; desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones”. (Cfr. Mateo 1, 1-17).

La genealogía nos ayuda a conocer nuestros orígenes, nuestras raíces.  Para los judíos era muy importante conservar viva la memoria de sus antepasados.  De esta manera, el nacimiento de Jesús queda vinculado a la historia de un pueblo, Israel; una historia cargada de promesas y esperanzas (de parte de Dios), pero también de fragilidad y de pecado (de parte del hombre).  Una pequeña historia, en definitiva, que nos representa y de la que dependerá toda la historia humana.

El Evangelio de Mateo nos está hablando de una historia  real y concreta, una historia de hombres y mujeres que evocan todo lo que de bueno, de frágil, de éxito y de fracaso, de dolor y de sufrimiento existen en la familia humana: patriarcas, sabios y profetas; buenos y malos gobernantes, trabajadores, campesinos, desterrados, esclavos, emigrantes y prostitutas.

El Mesías debería descender de David.  Pues bien, Jesucristo desciende de David.  Por eso divide la genealogía en tres partes, compuesta cada una de catorce nombres. El número 14 por ser el doble de 7 indica perfección y plenitud.  Aquí significaría la perfección y providencia especial de Dios en la disposición de toda la historia salvífica anterior, que culmina en Cristo.

¿Quién al leer esta primera página del evangelio, se sentirá excluido de la familia de Jesús?  La cadena de generaciones desemboca por fin en el último eslabón, no uno más, sino único, definitivo y extraordinario: un nacido de la “Virgen María”: “Jesús, llamado el Cristo” (v. 16).

La familia es el punto principal, la opción más importante de la vida del ser humano; por consiguiente, entra en las preocupaciones que tenemos: cómo hacer para que las personas cada vez más se preparen para esta opción de vida. Todas las cosas grandes se preparan, no se improvisan, pero muchas veces la opción más grande de la vida que es el amor y la familia se improvisan. A veces tenemos familias que comienzan por un error y no por una opción en libertad. Preparar esta opción de vida es tal vez el objetivo más grande de toda evangelización y de la pastoral familiar.

Hoy en muchas personas se siente  la falta de raíces.  Y sin raíces un árbol no puede crecer ni dar sombra a otros.  Cuando dos personas que no han recibido ni en su familia ni en la fe unas raíces profundas desde las que poder vivir, generalmente desean darse mutuo apoyo en la nueva familia que han formado: anhelan la familia como lugar de seguridad, de bienestar, de paz, de acogida, comprensión totales.  Quieren que la familia sustituya lo que hasta ese momento han echado de menos en sus familias de origen.

Lo malo es que quieren que la nueva familia les aporte de un solo golpe lo que ellas mismas no tienen. En este caso, el uno se aferra al otro y espera de él apoyo y seguridad absolutos. Pero ningún ser humano puede dar algo absoluto.  Sólo Dios puede hacerlo.

Toda persona ha experimentado en su familia lo que es una raíz.  Aun cuando los padres no pudieran dar tanto como se esperaba de ellos, dieron los que les fue posible. Y uno debería aceptarlo con agradecimiento.  Tales raíces, que cada cual ha recibido de su padre y de su madre, son el amor que éstos le dispensaron.  Hicieron muchísimo por uno, se preocuparon, lo acompañaron, le dieron apoyo y seguridad. La raíz que hemos recibido de los padres, es también la filosofía vital por la que ellos orientaron su vida. Podemos descubrir dicha filosofía vital cuando nos preguntamos por las frases sabias o dichos populares con que reaccionaban ante situaciones difíciles.

Un joven contaba cómo siempre le había fascinado que su padre, ante cualquier dificultad, dijera: “en el nombre de Dios”.  Ante las dificultades no se dejaba llenar de miedo, sino que las vencía con la confianza en Dios. Yo mismo escuché de mi madre y de varios sacerdotes cuando niño la expresión “sangre de Cristo protégenos”. Esta invocación aparece instintivamente  cuando me encuentro en situaciones difíciles.

Nuestras raíces, sin embargo, no se basan sólo en los padres.  Hemos crecido en un entorno religioso y social.  Algunos hablan de sus raíces en la parroquia o en una Comunidad como “Alegría”.  Allí se sintieron seguros.  Allí como monaguillos o como lectores o cantores, encontraron en la Iglesia un hogar.  Esto fortaleció sus raíces espirituales.  Otros en el colegio que frecuentaron se sintieron como en casa. Con frecuencia fueron sus maestros quienes dieron a su pensamiento una estructura clara, quienes les dieron el cariño que echaban de menos en casa y quienes, de paso, les dieron una sólida filosofía de vida.  En su entorno había personas paternales y maternales que establecieron en su vida raíces sanas.

En el diccionario de la real academia española da la siguiente definición de la palabra “raíz”: “órgano de las plantas que crece en dirección inversa a la del tallo, carece de hojas, e introducido en tierra o en otros cuerpos, absorbe de estos o de aquella las materias necesarias para el crecimiento y desarrollo del vegetal y les sirve de sostén”.

De la raíz obtenemos a menudo ungüentos que detienen inflamaciones o son buenos para enfermedades de la piel.  De las raíces sanas, de las que vive la familia, tienen una influencia sanadora en todos, padres e hijos.  Por eso a la familia le sienta bien reflexionar una y otra vez sobre sus raíces.  Las raíces tienen una virtualidad sanadora. La experiencia procedente de las raíces, el estar sostenido, inmerso en contextos relacionales mayores. Todo ello puede sanar las heridas que se producen en virtud de la convivencia.

En la Biblia se hablaba de la raíz de Jesé.  En la edad media se vinculó el árbol genealógico de Jesús con dicha raíz de Jesé. Una raíz importante de toda familia es su árbol genealógico.  La familia participa de las estrategias de superación  de sus antepasados.  Los abuelos no sólo son importantes para cuidar niños y prestar apoyo a la familia.  También hacen referencia al pasado, al árbol genealógico del que depende la familia y del que ésta recibe fuerza.  Pensemos en las costumbres y ritos de la familia como la celebración familiar de la novena de Navidad.  Los ritos permiten a la familia participar de la fuerza de la fe que tenían las generaciones pasadas, de la confianza con la que los antepasados superaron tiempos difíciles, y del anhelo que los sostuvo.  A las familias, con frecuencia tan reducidas hoy en día, les sienta bien sumergirse en la raigambre de sus historias familiares.  Así tienen la sensación de que su vida se ve nutrida desde las raíces sanas y fuertes de los antepasados.

En este bello tiempo de preparación a la Navidad y de comienzo de un nuevo año civil los invito a que se tomen  un tiempo para preguntarnos por nuestros padres y por las personas importantes en la historia de nuestra vida: ¿qué les sostenía? ¿Cuáles eran las raíces de la que vivían?, ¿cuál era su anhelo? ¿Con que principios regían sus vidas? ¿Cuáles son las “huellas” que esas personas han dejado en mí?, ¿qué tomo yo de estas raíces de mi familia y de mi historia personal?, ¿de qué manera me marcan?

A todas las parejas y familias que han caminado con nosotros en los Encuentro de Renovación Matrimonial, Asamblea de los viernes, Comunidad base y de servidores; a nuestras queridas sicólogas y profesionales al servicio de la familia en “Casa Alegría” y a todos los que han pasado por las asesorías un saludo especial de feliz Navidad y próspero año nuevo 20010.  Recuerden que queremos ser una gran familia  donde Cristo viva y reine en nuestros corazones por la fe, la esperanza y el amor.

Para todos un agradecimiento por el granito de arena que han colocado para el crecimiento de esta bella Comunidad y de la Pastoral Familiar del Minuto de Dios.  A todos los recuerdo con cariño sacerdotal en mi oración y los entrego a los corazones amantes de Jesús y de María,

P. Raúl Téllez V. CJM

Director Pastoral Familiar Minuto de Dios

rtellezv@hotmail.com

La Pascua: Nuestro único camino es el amor

La Madre Teresa de Calcuta decía que la peor enfermedad del mundo de hoy no es la tuberculosis o la lepra sino el no sentirse amados o deseados, el sentirse abandonados.  “La medicina puede sanar las enfermedades del cuerpo, pero la única curación para la soledad, la desesperación y la falta de perspectivas, es el amor.  Existen numerosas personas en el mundo que mueren porque no tienen un pedazo de pan, pero un número todavía mayor mueren por la falta de amor”.

En efecto vivimos en una sociedad en que el verdadero amor es algo extraño.  Podemos correr el riesgo de ser como huérfanos, sin padre ni madre, abandonados cada uno a su propio destino individual. Y muchos aceptan con resignación esta condición.  Pero también podemos preguntarnos, qué cosas puede nacer en una familia o en una ciudad que es como un desierto de amor?  Sólo la hierba amarga y venenosa del individualismo que nos empuja a salvar egoístamente nuestro propio pellejo. Y eso es lo que escuchamos muchas veces en nuestros hogares desde pequeños: “piensa sólo en ti”, “sal adelante tú”, “defiéndete y gana como puedas”.

Ese es como el “evangelio del mundo” que se contrapone al Evangelio de Jesús.  El mismo Jesucristo experimentó esta tentación sobre la cruz.  El Evangelista Lucas en el capítulo 23 en su relato de la Pasión, escribe que todos (sacerdotes, soldados, el pueblo y uno de los dos ladrones le gritaban a Jesús: ¡Sálvate a ti mismo!  Esta fue su última y más peligrosa tentación.

Pero cómo podía salvarse a sí mismo si había venido para salvar a la humanidad: Que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos (Mc 10,45).

Para todos nosotros el camino más fácil es, al contrario, buscar nuestra salvación personal, sobre todo cuando la inseguridad y los peligros nos acechan.  La defensa de sí mismo, del propio espacio, de los propios intereses, del propio dinero, ser convierte a veces en la primera y única preocupación.

Lo que hacemos es apagar el   sueño de una sociedad más solidaria y se crece en una ciudad de individuos fríos, calculadores y encerrados en sus mezquinos intereses.

Las consecuencias de lo anterior son evidentes:  privados de amor y de protección nos sentimos más débiles y más inseguros.  Hoy las personas buscan desesperadamente una tabla de salvación en la que puedan creer como sectas y grupos religiosos al gusto de cada uno. Otros, por ejemplo, buscan soluciones a sus angustias en la brujería, adivinación, lectura de cartas o del cigarrillo.  Pero la soledad que favorece la angustia y la infelicidad se cura sólo con el amor.

Si profundizamos en nuestro propia vocación nos damos cuenta que la soledad es la negación de nuestro ser.  Lo afirmó Dios mismo cuando creó a Adán.  Yahvé Dios cayó en la cuenta que Adán no era completo:  No es bueno que el hombre esté sólo.  Voy a hacerle una ayuda adecuada. (Gn 2,18).  Y le dio como compañera a  Eva.  Esta página de la Biblia nos recuerda  nuestra radical vocación al amor está inscrita en el corazón de cada uno de nosotros.

He aquí porque como seres solitarios se esta mal, sin alguno a quien amar la vida se convierte en un infierno.  Y sobre este fundamento se establece la primera la primera forma del amar: la familia, pero también, todas las otras formas de comunión humana.  Podemos concluir que el amor está inscrito en los mismos cromosomas de toda persona humana.  Ninguno por eso puede vivir desligado de los otros  y existir como ser solitario. Y no podía ser de otra manera por el hecho de que el hombre es hecho a imagen y semejanza de Dios. Y Dios nos es sólo, es una “Comunidad de Amor y de Vida”, el misterio de la Santísima Trinidad.  También cuando oramos a ese Dios-Amor vivimos una bella experiencia de comunión.  Benedicto XVI ha afirmado que el que ora nunca está totalmente sólo.

Los recuerdo a todos con cariño sacerdotal y los entrego, en mi oración a los corazones amantes de Jesús y de María,

P. Raúl Téllez V. CJM

PASTORAL FAMILIAR MINUTO DE DIOS

Las Crisis Matrimoniales según el Papa Benedicto XVI

 

El pasado viernes 26 de septiembre de 2008 el Papa Benedicto XVI dirigió un mensaje especial al recibir en el Vaticano a los participantes en la reunión internacional del movimiento Retrouvaille. Un movimiento canadiense que, como la Comunidad Alegría, trabaja por la restauración de las parejas y las familias. Quiero compartir sus iluminadoras y alentadoras palabras sobre la realidad de los matrimonios:

El Papa inició manifestando su favorable opinión sobre este movimiento: “Me ha impresionado, queridos amigos, vuestra experiencia que os pone en contacto con familias marcadas por la crisis del matrimonio. Reflexionando en vuestra actividad, una vez más he podido ver el “dedo” de Dios, es decir, la acción del Espíritu Santo, que suscita en la Iglesia respuestas adecuadas a las necesidades y a las emergencias de todas las épocas. Ciertamente en nuestros días la separación y los divorcios se han convertido en una emergencia muy sentida. Por tanto, fue providencial la intuición de los cónyuges Guy y Jeannine Beland, en 1977, de ayudar a las parejas en grave crisis a afrontarla por medio de un programa específico, cuyo fin es reconstruir sus relaciones, no como una alternativa a las terapias psicológicas, sino como un camino distinto y complementario”.

Como sucede en el Minuto de Dios con la experiencia de muchas parejas que han llegado al Encuentro de Renovación matrimonial y luego de superar su propia crisis se convierten en testigos y misioneros para otras parejas en crisis. La palabras del Papa se refieren a todos los servidores de la pastoral familiar: “De hecho, vosotros no sois profesionales; sois esposos que a menudo han vivido en primera persona las mismas dificultades, las han superado con la gracia de Dios y el apoyo de Retrouvaille y han experimentado el deseo y la alegría de poner, a su vez, la propia experiencia al servicio de los demás. Entre vosotros hay varios sacerdotes que acompañan a los esposos en su camino, partiendo para ellos la Palabra y el Pan de la vida. “Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis” (Mateo 10,8): constantemente hacéis referencia a estas palabras de Jesús dirigidas a sus discípulos”.

Luego el Papa Benedicto XVI comparte su parecer sobre las “crisis” que viven la mayoría de  los matrimonios:

“Como demuestra vuestra experiencia, la crisis conyugal –estamos hablando de crisis serias y graves– constituye una realidad con dos caras. Por una parte se presenta, especialmente en su fase aguda y más dolorosa, como un fracaso, como la prueba de que el sueño ha terminado o se ha transformado en una pesadilla y, por desgracia, “no hay nada que hacer”. Esta es la cara negativa. Pero hay otra cara, que nosotros desconocemos con frecuencia, pero que Dios ve. Toda crisis, de hecho, nos lo enseña la naturaleza, constituye el paso a una nueva fase de la vida. Si bien en el caso de las criaturas inferiores esto sucede de manera automática, en el ser humano implica la libertad, la voluntad y, por tanto, una “esperanza más grande” que la desesperación”.

En medio de la crisis, afirma el Papa, es importante  que surjan personas, comunidades organizadas y bien preparadas que acompañen a las parejas en crisis para salir vencedores:

“En los momentos más oscuros, los cónyuges han perdido la esperanza; entonces se da la necesidad de otras personas que la custodien, de un “nosotros”, de una compañía de auténticos amigos que, con el máximo respeto, pero también con sincera voluntad de bien, estén dispuestos a compartir algo de su propia esperanza con quien la ha perdido. Pero no de manera sentimental o superficial, sino organizada y realista. De este modo, en el momento de la ruptura, ofrecéis a la pareja una referencia positiva en la que confiar frente a la desesperación. De hecho, cuando la relación degenera, los cónyuges caen en la soledad, tanto individual como de pareja. Pierden el horizonte de la comunión con Dios, con los demás y con la Iglesia. Entonces, vuestros encuentros ofrecen el “agarradero” para no perderse totalmente, y para volver a subir poco a poco la cuesta. Os veo como a custodios de una esperanza más grande para los esposos que la han perdido”.

Finalmente el Papa, a partir  del texto de las bodas de Caná, quiere invitar a los esposos a que  abran sus corazones a la presencia sanadora de Jesús y a la intercesión de la Virgen María:

“La crisis, por tanto, concebida como momento de crecimiento. Desde esta perspectiva se puede leer la narración de las bodas de Caná (Juan 2, 1- 11). La Virgen María se da cuenta de que los esposos “ya no tienen vino” y se lo dice a Jesús. Esta falta de vino hace pensar en el momento en el que, en la vida de pareja, termina el amor, se agota la alegría y se derrumba el entusiasmo del matrimonio. Después de que Jesús transformó el agua en vino, felicitaron al esposo pues, según decían, había guardado hasta ese momento “el vino bueno”. Esto significa que el vino de Jesús era mejor que el anterior. Sabemos que este “vino bueno” es símbolo de la salvación, de la nueva alianza nupcial, que Jesús ha venido a realizar con la humanidad. Y precisamente de ésta es sacramento todo matrimonio cristiano, incluso el más frágil y vacilante, y puede encontrar, por tanto, en la humildad la valentía para pedir ayuda al Señor. Cuando una pareja en dificultad o –como demuestra vuestra experiencia– incluso ya separada, se encomienda a María y se dirige a Aquél que ha hecho de los dos “una sola carne”, puede estar segura de que la crisis se convertirá, con la ayuda del Señor, en un momento de crecimiento, y que el amor quedará purificado, madurado, reforzado. Esto sólo lo puede hacer Dios, que quiere servirse de sus discípulos como de válidos colaboradores para acercarse a las parejas, escucharlas, ayudarlas a redescubrir el tesoro escondido del matrimonio, el fuego que ha quedado sepultado bajo las cenizas. Reaviva y hace que vuelva a arder la llama; ciertamente no como en el enamoramiento, sino de una manera diferente, más intensa y profunda: ahora bien, es siempre la misma llama”.

Finalmente el Papa  regala una palabra de aliento y su oración por todos aquellos que trabajan contra la corriente divorcista generalizada y por la unidad matrimonial y familiar:

“Queridos amigos que habéis querido poneros al servicio de los demás en un campo tan delicado: os aseguro mi oración para que vuestro compromiso no se convierta en mera actividad, sino que sea siempre, en el fondo, testimonio del amor de Dios. Vuestro servicio va “contra la corriente”. Hoy, de hecho, cuando una pareja entra en crisis, se encuentra con muchas personas dispuestas a aconsejar la separación. Incluso a los esposos casados en el nombre del Señor se les propone con facilidad el divorcio, olvidando que el hombre no puede separar lo que Dios ha unido (Cf. Mateo 19,6; Marcos 10,9). Para desempeñar vuestra misión también vosotros tenéis necesidad de alimentar continuamente vuestra vida espiritual, poner amor en lo que hacéis para que, al entrar en contacto con realidades difíciles, vuestra esperanza no se agote y no quede reducida a una fórmula. Que en esta delicada obra apostólica os ayude a la Sagrada Familia de Nazaret, a quien confío vuestro servicio, y especialmente los casos más difíciles. Que esté a vuestro lado María, Reina de la familia, mientras os imparto de corazón la bendición apostólica a vosotros y a todos los que adhieren al movimiento”.

Que estas palabras del Papa Benedicto XVI nos animen también a continuar en nuestra oportuna y hermosa tarea de anunciadores de la Buena noticia del amor conyugal y familiar.

Los recuerdo a todos en mi oración y los entrego a los corazones amantes de Jesús y de María,

P. Raúl Téllez V.

Pastoral familiar “Minuto de Dios”

rtellezv@hotmail.com

 

Convocatoria XXVI Congreso Reginal de Matrimonios

CONVOCATORIA AL XXVI CONGRESO REGIONAL DE MATRIMONIOS DE LA PASTORAL FAMILIAR MINUTO DE DIOS Y LA COMUNIDAD MATRIMONIAL ALEGRÍA:“LA FE EN PAREJA Y EN FAMILIA”: “PORQUE USTEDES HAN SIDO SALVADOS POR LA FE, NO POR MÉRITO PROPIO, SINO POR LA GRACIA DE DIOS” (Efesios 2,8)

El próximo sábado 10 de agosto estaremos celebrando, de las 2-8 PM, en el teatro Minuto de Dios, el Congreso de todas las parejas que han hecho sus Encuentros de Renovación Matrimonial, los Encuentros de Renovación para Novios en el Minuto de Dios y de todas las parejas que quieren sanar, profundizar y renovar sus vidas, sus relaciones y reemprender con nuevas fuerzas “el camino del amor” desde una vivencia profunda de la fe.

El tema que nos congrega en este año es muy bello y oportuno porque tiene que ver con el año de la fe: “LA FE EN PAREJA Y EN FAMILIA”.  Recordamos esa palabra de San Pablo en Efesios 2, 8: “Porque ustedes han sido salvados por la fe, no por mérito propio, sino por la gracia de Dios”.

Queremos proclamar a una sola voz que las parejas y las familias son la gran obra de Dios, recreados por medio de Cristo que nos reconcilió con el Padre y que nos ha llamado a construir un mundo más humano, más acogedor, con parejas y familias que han superado las tristes  y dolorosas divisiones, heridas, conflictos, infidelidades, vicios, que en muchos hogares hacen su aparición, generalmente por la triste realidad del pecado y de la inmadurez humana.

Con la predicación del Padre Diego Jaramillo buscaremos revivir ese gran don de la Fe, esa luz que alumbró por primera vez nuestras vidas  y que recibimos en el Sacramento del Bautismo,  a través de la profesión de fe de nuestros padres y padrinos.  Ese día marcó el inicio de una alianza de amor entre ese Dios que se comprometió a ser el mejor de los Padres, a darnos todos las bendiciones y dones; en su Hijo Amado, nos declaró, también HIJOS AMADOS, llamados a reproducir en nosotros la imagen de su Hijo.  A este propósito nos dice el mismo San Pablo: “Somos obra suya, creados por  medio de Cristo Jesús para realizar las buenas acciones que Dios nos había asignado como tarea” (Ef 2, 10)

Con la predicación de Fray Nelson Medina OP, estaremos recibiendo unas claves bíblicas y espirituales para vivir  el don de la fe en la pareja y en la familia.  Estamos seguros que el abrir el espacio a la Gracia de Dios, generalmente después de alguna crisis matrimonial y/o familiar, marca un nuevo comienzo como personas, como parejas y como familias; proceso humano-espiritual que nos exige un crecimiento continuo, “hasta que todos alcancemos la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, el estado de hombre perfecto y a la madurez de la plenitud en Cristo. Así no seremos niños, juguete de las olas, arrastrados por el viento de cualquier doctrina, por el engaño de la astucia humana y por los trucos del error” (Ef 4, 13-14).

Con la guía del P. Javier Riveros iniciaremos nuestra jornada, colocando nuestras vidas y familias a los pies de Jesucristo, en la gran Adoración a Jesucristo Eucaristía, modelo perfecto de  amor entregado y donado generosamente por nuestra salvación.

Todo tendrá su culmen con la celebración de la Sagrada Eucaristía de Reconciliación y Renovación Matrimonial, presidida por el P. Raúl Téllez. Allí tendremos momentos de perdón y reconciliación con Dios, con nosotros mismos y de cada pareja.  Habrá un momento de renovación de los compromisos matrimoniales y al final esperamos que cada pareja pueda encarnar lo que nos pide San Pablo a toda su comunidad de Efeso:

“Pero, gracias a Cristo Jesús los que un tiempo estaban lejos, ahora están cerca, por la sangre de Cristo.  Porque Cristo es nuestra paz, el que de dos pueblos hizo uno solo, derribando con su cuerpo el muro divisorio, la hostilidad… creando de los dos una nueva humanidad; restableciendo la paz”.  (Ef 2, 13-15).

En el transcurso de la tarde, escucharemos algunos testimonios edificantes sobre la vivencia de la fe de varias parejas servidoras de la Comunidad Matrimonial Alegría y tendremos el concierto de Jesús y Diana, una pareja que ejercen un bello ministerio de evangelización a través de la música y la predicación.

Esperamos salir todos con un renovado entusiasmo a DAR TESTIMONIO DE LA MARAVILLAS QUE EL SEÑOR REALIZO; será una nueva etapa en nuestro itinerario de fe y crecimiento.

Quiero aprovechar para invitarlos mientras llega la fecha del Congreso a las asesorías  que se realizan en la “Casa Alegría”, de la pastoral familiar en el “Minuto de Dios”.  Estamos apoyados por un grupo de profesionales entre los que encontramos sacerdotes, asesores de familia, orientación espiritual, la presencia de psicólogos en sus diferentes especializaciones, la sexóloga; asesoría canónica, y jurídica, asesores en temas  como alcoholismo, drogadicción, etc.

Los “Congresos Regionales de Matrimonios” son una oportunidad para dar gracias a Dios y de volverlos a ver y abrirnos de nuevo a esa presencia sanadora y renovadora de nuestro Señor Jesucristo.  ¡BIEVENIDOS!

Siempre los recuerdo a todos en mi oración y los confío a los corazones amantes de Jesús y María,

 

P. Raúl Téllez V. CJM

Director Pastoral Familiar Minuto de Dios

rtellev@hotmail.com

Las nuevas ideologías radicales del “género”: Amenaza a la Fe Cristiana y destrucción de la familia natural

Las nuevas ideologías radicales del “género”: Amenaza a la Fe Cristiana y destrucción de la familia natural

En este primer boletín del comienzo del año 2013, “el año de la fe”, quiero saludar a cada una de las parejas y familias que se acercan a la Pastoral Familiar del Minuto de Dios y a la Comunidad Matrimonial “Alegría” y desearles  las más grandes bendiciones en el amor de Jesús y de María.

Quiero proponerles a todos un tema de reflexión  que está en mi corazón de pastor, por la problemática que estoy escuchando en la entrevistas con parejas y padres de familia, y que hace 23 años, cuando inicié este servicio no advertía.  Se trata de la radical ideología de GÉNERO. La fuente de esta reflexión la tomo del  Observatorio Internacional Cardenal Van Thuân en la Enseñanza social Católica, Rapporto sulla Dottrina sociale nel Mondo 2012 [Informe acerca de la Doctrina social de la Iglesia en el Mundo 2012], Edizioni Cantagalli, Siena 2012.

El gran rabino de Francia, Gilles Bernheim, en un tratado cuidadosamente documentado y profundamente conmovedor, ha mostrado que atentar, a lo que hoy estamos expuestos, a la auténtica forma de la familia, compuesta por padre, madre e hijo, tiene una dimensión aún más profunda. Si hasta ahora habíamos visto como causa de la crisis de la familia un malentendido de la esencia de la libertad humana, ahora se ve claro que aquí está en juego la visión del ser mismo, de lo que significa realmente ser hombres. Cita una afirmación que se ha hecho famosa de Simone de Beauvoir: “No se nace mujer, se llega a serlo”.

En estas palabras se expresa la base de lo que hoy se presenta bajo el lema “gender” –“género”-, como una nueva filosofía de la sexualidad. Según esta filosofía, el sexo ya no es un dato originario de la naturaleza, que el hombre debe aceptar y llenar personalmente de sentido, sino un papel social del que se decide autónomamente, mientras que hasta ahora era la sociedad la que decidía.

La falsedad profunda de esta teoría y de la revolución antropológica que subyace en ella es evidente: el hombre niega tener una naturaleza preconstituida por su corporeidad, que caracteriza al ser humano. Niega la propia naturaleza y decide que ésta no se le ha dado como hecho preestablecido, sino que es él mismo quien se la debe crear.

Según el relato bíblico de la creación, el haber sido creados por Dios como varón y mujer pertenece a la esencia de la criatura humana. Esta dualidad es esencial para el ser humano, tal como Dios lo ha establecido.

Se concluye que para nuestra fe en el Dios Creador, la diferencia sexual como dato originario es un hecho irrenunciable.  Lo que impulsan esta ideología nos están diciendo que ya no es válido lo que leemos en el relato de la creación: «Hombre y mujer los creó» (Gn 1,27).  Sino que nacemos como seres abstractos, neutros y ahora somos nosotros mismos quienes hemos de decidir sobre esto, independientemente del dato natural.

Hombre y mujer como realidad de la creación, como naturaleza de la persona humana, ya no existen. El hombre niega su propia naturaleza.  Muchos deploramos la manipulación de la naturaleza por lo que se refiere al medio ambiente, pero aquí nos enfrentamos a una manipulación más perversa: cada uno puede hacer con su cuerpo lo que quiera, si desea un día ser hombre y al otro ser mujer.

Esto es una amenaza a la familia natural: si no existe la dualidad de hombre y mujer como dato de la creación, entonces tampoco existe la familia como realidad preestablecida por la creación. Allí donde la libertad “de hacer” se convierte en libertad “de hacerse por uno mismo”, se llega necesariamente a negar al Creador mismo y, con ello, también el hombre como criatura de Dios, como imagen de Dios, queda finalmente degradado en la esencia de su ser. En la lucha por la familia está en juego el hombre mismo. Y se hace evidente que, cuando se niega a Dios, se disuelve también la dignidad del hombre. Quien defiende a Dios, defiende al hombre.

En realidad el sexo desaparece en esta definición, queda absorbido por lo que se llama género y no sólo por el género como algo objetivo, cultural, sino por el género entendido como aquello que la persona siente, la vivencia íntima, el deseo.

Aquí el género está considerado en un sentido puramente inmanente, subjetivista, íntimo. En el fondo lo que pasa es que la libertad queda convertida en deseo, en puro deseo. Ya no es algo propio de la voluntad racional. No es algo que tiene que ver con las inclinaciones naturales a la verdad y al bien, con la naturaleza propia del ser humano que es varón o mujer, sino que es lo que yo deseo. Tengo derecho a cumplir mi deseo, porque soy libre; eso es la libertad.

También se observa que en la problemática del género así planteada entra el problema de la felicidad que es, en el fondo, el fin del hombre. Algunos filósofos han sostenido que la felicidad es el placer. Un viejo error,  reducir la felicidad al placer. En continuidad con lo que hemos señalado anteriormente, si no hay naturaleza sino cultura, y lo cultural es ahora lo natural; si la libertad es saciar a toda costa un deseo, cumplirlo, entonces quiere decir que la felicidad es simplemente el placer, y no la realización plena de la vida de la persona en todas sus dimensiones, sino el placer y fundamentalmente el placer sexual. Algunos comentaristas sugieren que ahora se abre un universo de erotismo totalmente nuevo, nuevas invenciones para darse el gusto, sin parámetro objetivo alguno.

Podemos preguntarnos entonces: ¿a qué queda reducido el ser humano?

Con razón el Papa Benedicto XVI insiste en que la problemática principal en la cultura contemporánea es la problemática antropológica, es decir la idea del hombre, la definición del hombre.

Hay que empezar recordando nuestras verdades fundamentales: “En el principio Dios creó al ser humano varón y mujer”, dice el Libro del Génesis; la idea del hombre, la realidad plena, total del ser humano tiene esta doble imagen diversa y complementaria: varón y mujer. La distinción y la complementariedad del varón y la mujer están orientadas a la continuidad de la humanidad sobre la tierra. En este hecho se expresa un designio divino que ni las ideologías, ni los legisladores  puede modificar arbitrariamente.

Reconocemos, tristemente, que la técnica ha hecho posible la “sexualidad desnaturalizada”, y por consiguiente, ha hecho que sea posible ser madre sin ser mujer, ser padre sin ser hombre, ser hombre aun siendo mujer y ser mujer aun siendo hombre, ser padre o madre sin saber de quién y ser hijo sin saber que de qué madre o de qué padre. La técnica hace posible, como puro ejercicio técnico por parte de un ser privado de la propia identidad. En la sociedad avanza la “absolutización de la sexualidad” en lugar del sexo, dejando a este último como algo de lo que solo habla la Iglesia católica.

La ideología gender es un nuevo colonialismo del occidente sobre el resto del mundo. Esta nueva colonización occidental es la exportación de la nada. Individuos abstractos y asexuados son, de hecho, privados de identidad si no aquella que ellos mismos arbitrariamente se dan. En su búsqueda de liberarse de todas las características naturales, eliminando la educación sexuada o sea identitaria, ellos aplazan su identidad a futuras elecciones y a futuros contratos con otros individuos, siendo vulnerables al peor de los condicionamientos, el condicionamiento de la nada.

La nueva ideología de género influye en todos los aspectos de la sociedad y la quiere fundar sobre bases antinaturales. En todos los estados en los cuales las parejas de hecho o las uniones homosexuales son reconocidas sigue inevitablemente la reforma del derecho de la familia, del régimen fiscal y de la finalidad y de los métodos de las estructuras educativas. La imposibilidad de condenar moralmente la homosexualidad para no peligrar el ser acusados de homofobia,  compromete la libre expresión de ideas, la educación de los hijos y conlleva dificultad para proponer públicamente el modelo de familia heterosexual. Las “nuevas familias” son promovidas por los medios de comunicación sin posibilidad de contradicción porque se trata de un pensamiento único que se impone.

Aboliendo por ley la familia natural, se impide hacer experiencia de familia. Hacer experiencia de familia tiene una función social, en cuanto que es la principal escuela de vida en sociedad, pero tiene también una función religiosa, porque todo el léxico de la vida cristiana es un léxico “familiar” y quien no sabe qué quiere decir Padre, Madre, Esposo, Esposa o Hijo no puede entender la revelación cristiana. No tener experiencia de familia natural destruye la sociedad y sobretodo destruye la Iglesia.

Concluye el informe del observatorio internacional Cardenal Van Thuân para la Enseñanza social Católica:  puede parecer, por estas nuestras palabras, que el futuro de la fe cristiana dependa de la dimensión natural de la procreación y de la familia, con la cultura que esto conlleva. En realidad es al contrario: es el futuro de la dimensión natural del bien humano el que depende de la fe cristiana.

Cuando los hombres se alejan de Cristo pierden de vista el auténtico bien del plano natural. Es por esto que el esfuerzo debe ser cultural, legislativo y político, por qué la procreación natural, la familia y el acoger una vida no sean reducidos a simples funciones, si no que sean vistas como expresiones del ser de una persona, en la complementariedad irreducible de hombre y mujer, sin hacerse ilusiones que esto pueda ser posible sin una profunda vida de fe y sin una nueva misionariedad religiosa, que hoy solemos llamar “Nueva Evangelización”.

Los recuerdo a todos en mi oración y les renuevo mi afecto y cercanía en mi oración personal. Los entrego a los corazones amantes de Jesús y de María,

P. Raúl Téllez V. CJM
Director Pastoral familiar “Minuto de Dios”
rtellezv@hotmail.com

Convocatoria a la primera gran Fiesta del Perdón y de la Reconciliación

Convocatoria a la primera gran “Fiesta del Perdón y de la Reconciliación”

El próximo VIERNES 5 de OCTUBRE estaremos celebrando, en el teatro del Minuto de Dios, la GRAN FIESTA DEL PERDON Y DE LA RECONCILIACIÓN de todas las parejas que han hecho sus Encuentros de Renovación Matrimonial, los Encuentros de Renovación Para Novios en el Minuto de Dios y de todas las personas, las parejas y las familias que quieren sanar, profundizar y renovar sus vidas, sus relaciones y reemprender con nuevas fuerzas el “camino del amor”.

La experiencia nos enseña que el amor humano en la pareja y en la familia se ve afectado  por  múltiples ofensas como: el adulterio, la infidelidad, el alcoholismo, los celos enfermizos, el mal genio y las neurosis, la falta de diálogo, la violencia intrafamiliar, entre otras. Algunas parejas manifiestan fragilidades como las amistades compensatorias fuera de la casa, los terceros entrometidos, la crisis económica, la falta de trabajo, o el demasiado trabajo, la TV compulsiva, el internet, la indiferencia, la monotonía, el enfriamiento y las insatisfacciones en la relación.

La infidelidad, por ejemplo, es uno de los motivos más frecuentes de crisis de pareja e incluso de ruptura matrimonial. Y paradójicamente es una de las “vías de escape” a las malas relaciones entre los esposos o de falta de comunicación o de intimidad sexual entre los mismos. Es decir, la infidelidad puede ser una “causa” o convertirse en una “consecuencia”.

Hoy día es un tema que ha salido a la luz, es decir, que ya no es tabú como en otros tiempos, y por tal motivo “muchos se atreven a perdonar” un conflicto de este tipo a los fines de rescatar años de matrimonio y de amor.

Según estadísticas actuales que nos ha brindado un diario de gran circulación:  “6 de cada 10 colombianos confiesan haber sido infieles”.  Y el 65% de los que se declaran fieles “pecarían” si supieran que nos los van a pillar. Los infieles estarían menos dispuestos a perdonar un engaño (42.7%) que los que han sido fieles, (47.5%).

La motivaciones de la infidelidad”:  1 de cada 4 se escuda que lo hizo por “falta de atención de su pareja”, la mitad de los colombianos admiten que lo hace por “oportunidad”, “curiosidad” y “búsqueda de emociones nuevas”.  El 63% asegura que no lo han pillado. La infidelidad es unisex, sólo el 42% de las mujeres consultadas admitió haber engañado alguna vez a su pareja, mientras que en los hombres el resultado fue del 82%. El estudio no ahonda en las razones de esta disparidad, pero dos cosas son claras: o los hombres le son infieles a sus parejas con mujeres solteras o sin relación formal, o ellas siguen siendo más reservadas a la hora de confesar sus infidelidades, cosa que no nos debe extrañar en esta sociedad que sigue siendo machista. “Los hombres presumen con la infidelidad, y muchas mujeres jamás  lo admitirán”. (sexóloga Martha Mejía) (Cfr. El Tiempo, 19 de agosto 2012.  Encuesta realizada por Datexco Company a hombres y mujeres mayores de 18 años, en 13 ciudades colombianas en junio del 2012, fecha de entrega del informe 27 de junio del 2012).

Pero la gran pregunta a este tipo de crisis es ¿cómo perdonar una infidelidad? Hay muchos esposos que ante una situación de estas características deciden enfrentar este problema tomando las responsabilidades del caso. El que fue infiel puede aceptar su grave error, dejar su relación paralela y luchar por su matrimonio, y el que fue engañado admitir su parte del problema y predisponerse a volver a confiar en el otro.

Es que no hay que olvidarse de que aquí se ponen en juego muchos valores como la confianza, el amor, el respeto, que el matrimonio ha construido desde hace años. Cuando estos sentimientos se ven traicionados, se genera una crisis no solo conyugal sino también familiar y puede causar heridas a los más débiles e inocentes que son los hijos y dañar todo el bello entorno que se tenía, empezando por  las familias de origen y los amigos.

En esta gran “Fiesta del Perdón y de la Reconciliación” partimos de un gran convencimiento  personal: si algo importante debemos aportar los cristianos a este mundo roto y divido, violento, injusto y con frecuencia cruel, sobre todo con los más débiles, es precisamente la “reconciliación”, el “perdón”, la “paz”; estas son expresiones frecuentes, que indican actitudes y acontecimientos positivos y gratificantes  que todos esperamos a nivel familiar, social, nacional y mundial.

Tratar de la reconciliación y del perdón es referirse a una “hermosa tarea”, cargada de responsabilidad y deseos de bien y de paz, con los que siempre nos encontramos en deuda.  Si miramos nuestra historia, existen muchas situaciones personales y colectivas de “perdón dado o de perdón recibido”.  Hay muchas formas de expresarlo y realizarlo y muchas intensidades en vivirlo.  Se puede afirmar que así como un matrimonio/familia descubre su sinsentido en la historia de sufrimiento, que engendra el egoísmo, el corazón endurecido (cfr. Mt 19,8) y la injusticia y conduce a la división y el conflicto, de igual modo encuentra su sentido en la historia del perdón y la reconciliación, que conduce a la paz interior y exterior, a la convivencia tolerante y pacífica.

Cuando existen  ofensas que las parejas consideran imperdonables, es cuando necesitan hacer un acto de fe en la Palabra de Dios, en el misterio del  Calvario y en la gracia sacramental del matrimonio.  Los cónyuges están llamados a contemplar la Pasión de Jesús como la ofensa más grande, debido a la identidad y situación de la víctima: el Hijo de Dios y su absoluta inocencia:  A quien no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que viniéramos a ser justicia de Dios en él (2 Co 5,21), y el lugar del perdón más grande, es decir, la fuente de gracia donde ha de nacer la capacidad de perdonar de los esposos:

La exhortación de la Carta a los Colosenses, en un contexto comunitario, la pudiéramos leer en clave conyugal/familiar:

“…soportándose unos a otros, y perdonándose mutuamente, si alguno tiene queja contra otro. Como el Señor los perdonó, perdónense también ustedes. Y por encima de todo esto, revístanse del amor, que es el broche de la perfección”. (Col 3, 13-14).

Podríamos afirmar, con J. Laffitte, de que la cruz es la fuente de todos los perdones: el fundamento de esta iniciativa de perdón se halla en la libre voluntad de Jesús, en la gratuidad de sus sentimientos: Nadie me quita la vida, yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo (Juan 10, 18). Ser perdonado demanda saber perdonar, y con la misma gratuidad.  Eso es lo que se exige al creyente en un Dios de bondad.  Un amor que no se basa, en última instancia, en los méritos de las personas que lo reciben sino en la manera propia de ser y de actuar de quien lo da.

Perdonar es liberar.  Se libera al perdonado de su falta y de su angustia, así como se libera el que perdona de su resentimiento o de su rencor.  Perdonar es dar vida: esto debe caracterizar a las parejas seguidoras de Jesús.  Negarse a hacerlo, o hacerlo limitadamente es negarse a creer en el Dios de la vida que, como dice la Biblia repetidamente, “perdona y olvida el pecado”.

Hemos preparado un “gran programa” con la predicación del Padre Diego Jaramillo sobre el tema “La escuela del perdón”, el concierto y  la predicación de Jesús y Diana, esposos que han desarrollado un bello ministerio de evangelización con las familias en los EEUU, los testimonios de parejas de la Comunidad “Alegría”, tendremos una profunda oración de sanación interior y la animación del grupo musical “Carisma Verde”.

Espero que muchas  parejas/familias respondan a este llamado y así estrechar los lazos de nuestra gran fraternidad que es la comunidad Matrimonial Alegría y la Pastoral Familiar del Minuto de Dios.

Los recuerdo a todos en mi oración y los confío a los corazones amantes de Jesús y María,

P. Raúl Téllez V. CJM
Director Pastoral familiar “Minuto de Dios”
rtellezv@hotmail.com

La victoria del resucitado en las familias

La victoria del Resucitado en las familias

La resurrección de Cristo es un acontecimiento no solo para meditar y admirar, sino sobre todo para vivir:  transformó la vida de los primeros discípulos, llenos de miedos, complejos, de prejuicios y bloqueos de todo clase que los condujo a abandonar  a su  Maestro en el momento crucial e inclusive, a Judas, a traicionarlo  y abrió para ellos caminos nuevos.  La mayoría de  humanistas y sicólogos afirman que la capacidad para afrontar los problemas es uno de los mayores signos de madurez humana.  Y esa capacidad se manifiesta, en primer lugar, por el coraje de ver las cosas de frente, sin rodeos, sin maquillajes.  Ver la realidad lo más objetivamente que se pueda.  No querer ahogar las dificultades en el licor, no esconder los conflictos con la mentira, resistir a la tentación de huir a los problemas con el activismo o las drogas, o las adicciones de toda clase como lo vemos hoy, tristemente en algunas personas.

Sobre este punto la fe en la victoria del resucitado nos enseña algo que los humanistas y sicólogos no tienen por qué decir y los encontramos en muchos pasajes del Nuevo Testamente como en Romanos 8: “Ante esto ¿Qué diremos?  Si Dios está por nosotros ¿quién contra nosotros?

El que  no perdonó ni a su propio Hijo, antes bien lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con el graciosamente todas las cosas?” (vs.31-32).

Hay personas que viven cargando sus propias tristezas, fallas y pecados y las de los demás, impidiendo un caminar libre y sereno, a ellos la Palabra les dice:

“¿Quién acusará a los elegidos de Dios?  Dios es quien justifica.  ¡Quién condenará? ¿Acaso Cristo Jesús, el que murió; más aún el que resucitó, el que está a la diestra de Dios e intercede por nosotros? (vs. 33-34)

Una persona, pareja o familia que han vivido la experiencia del resucitado podrán decir con un tono de optimismo realista frente a toda clase de problemas, lo que nos enseña San Pablo, porque hay una confianza en lo profundo del alma que le dice al creyente:

¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación, ¿la angustia?, la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, la espada?, como dice la Escritura:  por tu causa somos muertos todo el día, tratados como ovejas destinadas al matadero. “Pero en todo salimos más que vencedores gracias a  aquel que nos amó”  (vv. 35-37)

Como a Simón Pedro a la pareja y/o familia, se le pide renunciar a todo su pasado de muerte,  su vida de pescador oscuro para entrar en el mundo nuevo de la Resurrección, con una mentalidad abierta a toda la humanidad, empezando por los romanos, odiados imperialistas de su momento histórico. Significa vivir aprendiendo de las lecciones que nos ha dejado un pasado, casi siempre lejos del Señor, pero abiertos a la novedad de la acción liberadora de Jesucristo, que en medio de la tormenta es como un ancla: el amor sin límites de Dios, como lo afirmaba San Pablo: salimos más que vencedores gracias a aquel que nos amó.

Desde el Sábado Santo, en esta noche Pascual, todo se ha iluminado, todo resplandece, todo habla de vida, porque la muerte, el dolor y el sufrimiento no son más fuertes que Dios.  Todo está en manos de Dios que sabe sacar cosas buenas de las malas, como supo sacar vida de una cruz.

Cristo ha Resucitado, el Crucificado ha vencido la Muerte.  Su programa y su proyecto no eran solo ilusión, Dios lo ha respaldado dándole la razón contra sus verdugos. Por eso, en este tiempo Pascual,  toda persona, pareja y familia  renace a la esperanza: la resurrección es la última palabra, los problemas, la muerte es la penúltima, el Amor Victorioso de Dios no hace renacer a la vida por el bautismo, por la eucaristía, el don del Espíritu que nos revive y libera de lo que nos oprime: el pecado, que como afirma Benedicto XVI es “la negación de la verdad más profunda de nuestro ser”.

Dejemos que la alegría del Espíritu inunde nuestros corazones, y que esa alegría sea nuestra fuerza para vivir como familias resucitadas en este mundo, donde tenemos que cargar diariamente la cruz de la fidelidad a Dios y a nuestros compromisos.  Nadie debe sentirse excluido, todos tienen la puerta abierta para para entrar a vivir el misterio de Dios, con los pies en la tierra pero la vida toda marcada por ese nuevo ser que lleva en sí y que le pide actuar como hijo de Dios en su paso por la tierra, luchando por construir cada día un mundo más justo y más humano, a partir de ser una mejor persona y pareja, para lograr ser una mejor familia.

Les comunico la buena noticia a todos que el próximo sábado 16 de junio estaremos celebrando las bodas de plata de nuestra querida Comunidad Matrimonial “Alegría”. Lo convoco desde ya a reunirnos en el coliseo del Colegio San Façons en una bella jornada de acción de gracias, alabanza y predicación con una pareja predicadora, invitada desde el Brasil.  Ninguno que haya recibido una bendición a través de esta comunidad, responsable de la Pastoral Familiar del Minuto de Dios, puede faltar.  Los espero.

Los recuerdo a todos en mi oración y les renuevo mi afecto y cercanía en mi oración personal. Los entrego a los corazones amantes de Jesús y de María,

P. Raúl Téllez V. CJM
Director Pastoral familiar “Minuto de Dios”
rtellezv@hotmail.com

La Familia: El lugar de realización personal por excelencia

La Familia:  El lugar de realización personal por excelencia

Cada año que Dios nos regala es una gran oportunidad para realizarnos como personas, familias y comunidad. Nos espera un año particularmente intenso para la Pastoral Familiar, por muchos  justamente llamada la “espina dorsal y fundamento vivo” de toda la obra evangelizadora de la Iglesia en general.

En este año tendrá lugar el VII Encuentro Mundial de las Familias con el Santo Padre en Milán sobre el testimonio de la familia en el difícil equilibrio entre Familia, Trabajo y Fiesta, esto es, en el sabio uso del tiempo para hacer de la familia más fecunda y bella, un lugar de auténtica realización humana.

La “realización verdadera” consiste en alcanzar la perfección personal de acuerdo a los fines con los que fuimos creados.  El fundamento  más profundo de la dignidad humana reside en que el hombre es imagen de Dios (Gen 1, 26-27) y está ordenado a Dios, a quien debe volver (Sto. Tomás). El hombre es un ser para Dios de quien recibe su perfección.

El hombre, cuando nace, recibe un “ser con libertad” junto con un “fin personal” al que debe acercarse progresivamente.  Cada hombre, a lo largo de su vida, se encuentra a una distancia determinada de su fin personal.  Recorrer libremente esa distancia es “realizarse”.  En la medida en que el hombre se encuentra alejado de su fin, es una realización imperfecta de la persona, por lo que debe aprender a ser persona y mejorar como persona.

La tarea de hacerse así mismo hombre es un proceso de autoposesión.  No hay auténtica realización de sí mismo sin dominio de sí mismo, que es autoposesión y liberación frente a las cosas y frente a las tendencias egoístas del hombre.  El dominio de sí mismo hace al hombre más libre y con más capacidad de amar.

Hoy no es raro escuchar, en ciertos ambientes, personas con una interpretación incorrecta de la expresión “realización personal”.  Para ellos el prefijo “auto” indica que la realización no se plantea en función de unos fines prefijados por un ser Superior, sino que el hombre se fija así mismo su propio proyecto de existencia, esto es, se “autorealiza”. Pero, el hombre encerrado en sí mismo es incapaz de olvidarse de sí mismo, lo que a su vez, le impide proyectarse a los demás para servirles. Termina encerrado en una autocontemplación narcisista, en una exaltación del propio yo, en un cosificarse, viviendo  un individualismo feroz.

Dentro de los ámbitos posibles de la realización personal, hay que destacar cinco:  1. La familia (siendo un buen esposo, buen padre o buen hijo), 2. El trabajo profesional (siendo un profesional competente y responsable), 3. Las relaciones de amistad (siendo un buen amigo), 4. La vida social (siendo un buen ciudadano), 5. El tiempo libre (manejando los tiempos libres en el desarrollo de su personalidad-Fiesta).

El trabajo, en efecto, es esencial para el mantenimiento de la familia, pero también, la posibilidad de hacer la fiesta y de vivir la alegría, al menos cuando se celebra y cuando es vivida sin exageraciones. La fiesta es el necesario momento de reposo que recrea y cuida la calidad de las relaciones personales y, a través de momentos celebrativos y caritativos, dona una luz nueva al camino que hacen los miembros de la familia.

La familia misma, que es el conjunto de los protagonistas de la vida, tiene muchas y variadas posibilidades de vivir el trabajo y de celebrar la fiesta.  Por eso la persona y la familia necesitan de un atento discernimiento de  qué es lo que cuenta y construye, y de lo que dispersa y daña, para poder escoger entre las distintas oportunidades de sentido o no sentido.

Son temas importantes que pueden ayudar a las personas a hacer crecer la calidad de la vida; son temas todavía más actuales en este nuestro tiempo, caracterizado por la crisis económica mundial que permanece de hace algunos años y que se prevé durará todavía.

Recordamos las Palabras de beato Juan Pablo II: “La existencia del hombre tiene un carácter familiar”.  Cada persona necesita el trato personal propio de la familia:

-Desde antes de nacer:  ser esperado y recibido con el cariño y el respeto que necesita como persona;

-A lo largo de la vida:  ser escuchado, comprendido, exigido, estimulado… para crecer como persona.

-Al final de la vida:  ser ayudado a bien morir como persona, en un ambiente de afecto.

Solamente en una comunidad como la familia de convivencia tan intensa y de relaciones tan informales, donde las personas se comportan con tanta espontaneidad y naturalidad; solamente en un ambiente en el que cada persona se siente querida por sí misma –y no por lo que hace o por lo que tiene- es posible la “realización auténtica de la persona”.

A los pies de la Sagrada Familia de Jesús, de María y de José confío todas las familias de la Comunidad Alegría, de la Asamblea de los Viernes, a las parejas que Dios nos enviará este año 2012 a los Encuentros de Renovación Matrimonial y de Renovación para Novios, a nuestro Congreso Regional de Matrimonios y a todas las asesorías y eventos de la Pastoral Familiar del Minuto de Dios.

En Jesús y María,

P. Raúl Téllez V. CJM
Director Pastoral familiar “Minuto de Dios”
rtellezv@hotmail.com

El secreto de Nazaret

El secreto de Nazaret

“El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría y la gracia de Dios estaba sobre él. Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando cumplió los doce años, subieron como de costumbre como a la fiesta. (…). Bajó con ellos, vino a Nazaret y vivió sujetó a ellos.  Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón.  Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres”. (Lc 2. 40-42.51-52).

“Las palabras que abren el pasaje delinea con pocos rasgos el «secreto de Nazaret». Es el lugar para crecer en sabiduría y gracia de Dios, en el contexto de una familia que acoge y engendra. «El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él». El misterio de Nazaret nos dice de modo sencillo que Jesús, la Palabra que viene de lo alto, el Hijo del Padre, se hace niño, asume nuestra humanidad, crece como un muchacho en una familia, vive la experiencia de la religiosidad y de la ley, la vida cotidiana marcada por los días de trabajo y por el descanso del sábado, el calendario de las fiestas. El «hijo del Altísimo» hace experiencia de la fragilidad y de la pobreza, es acompañado por los pastores y por personas que expresan la esperanza de Israel. Pero el misterio de Nazaret es mucho más: es el secreto que ha fascinado a grandes santos.

En efecto, las frases que cierran el episodio dicen que Jesús «bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón. Jesús crecía en sabiduría, en estatura (madurez) y en gracia ante Dios y ante los hombres». He aquí el misterio profundo de Nazaret: Jesús, la Palabra de Dios en persona, penetró en nuestra humanidad durante treinta años. Las palabras de los hombres, las relaciones familiares, la experiencia de la amistad y de la conflictividad, de la salud y de la enfermedad, de la alegría y del dolor se convierten en lenguajes que Jesús aprende para decir la Palabra de Dios.

De dónde vienen, si no es de la familia y del ambiente de Nazaret, las palabras de Jesús, sus imágenes, su capacidad de mirar los campos, el campesino que siembra, la mies rubial, la mujer que amasa la harina, el pastor que ha perdido a su oveja, el padre con sus dos hijos. ¿Dónde aprendió Jesús su sorprendente capacidad de contar, imaginar, comparar, rezar en la vida y con la vida? ¿No vienen acaso de la inmersión de Jesús en la vida de Nazaret? Por esto decimos que Nazaret es el lugar de la humildad y del ocultamiento. La Palabra se esconde, la semilla baja al centro de la tierra y muere para dar como don el amor mismo de Dios, es más, el rostro paterno de Dios. Este es el misterio de Nazaret.

Los vínculos familiares dejan huella en la vida de las personas. Jesús vive en una familia marcada por la espiritualidad judía y por la fidelidad a la ley: «sus padres iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de Pascua en peregrinación. Cuando cumplió los doce años, subieron como de costumbre a la fiesta». La familia y la ley son el contexto en el cual Jesús crece en sabiduría y gracia.

La familia judía y la religiosidad judaica, una familia patriarcal y una religión doméstica, con sus fiestas anuales, con el sentido del sábado, con la oración y el trabajo diario, con el estilo de un amor de pareja puro y tierno, permiten comprender que Jesús vivió a fondo su familia.

También nosotros crecemos en una familia humana, dentro de vínculos de acogida que nos hacen crecer y responder a la vida y a Dios. También nosotros llegamos a ser lo que hemos recibido. El misterio de Nazaret es el conjunto de todos estos vínculos: la familia y la religiosidad, nuestras raíces y nuestra gente, la vida cotidiana y los sueños para el mañana. La aventura de la vida humana parte de lo que hemos recibido: la vida, la casa, el afecto, la lengua, la fe. Nuestra humanidad la forja una familia, con sus riquezas y sus miserias”.

Esta es parte de una de las bellas catequesis de preparación el VI Encuentro Mundial de las Familias con el Papa, que se realizará a finales de mayo del 2012 en la ciudad de Milán (Italia).

Ahora que nos acercamos a celebrar el misterio de la Navidad y el comienzo de un nuevo año civil, invito a todos los hogares a que se regalen espacios para compartir la alegría de su fe, de su amor y de su esperanza.  En los hogares donde está la presencia de ese  Dios cercano y humilde, manifestado en la pobreza de Belén allí siempre hay futuro, hay calor de hogar, hay razones para luchar y para construir una familia y un mundo mejor.

Quiero desearles a cada uno de ustedes una feliz Navidad 2011 y un comienzo del año con las mejores bendiciones del Señor y la protección de la Virgen María.  Gracias por ese granito de arena que cada pareja y familia están colocando en este bello trabajo de la Pastoral Familiar Carismática: Encuentro de Renovación Matrimonial, Encuentro de Renovación para Novios, Seminario de Vida en el Espíritu para parejas, Misiones, Asesorías Casa Alegría, Asamblea familiar de los viernes, programa radial, etc.

Los recuerdo a todos en mi oración y los entrego a los corazones amantes de Jesús y de María,

P. Raúl Téllez V. CJM
Director Pastoral familiar “Minuto de Dios”
rtellezv@hotmail.com

La Genitorialidad: Ser Padre y ser Madre

La Genitorialidad: Ser “Padre” y ser “Madre”

“Genitorialidad” es una palabra nueva para nombrar una realidad antigua.  Este sustantivo italianizante proviene de progenitores (genitores en latín) e indica la compleja realidad de ser padre y de ser madre.  El concepto y la realidad de la “genitorialidad” han de ser entendido con el concepto y la realidad de la “filiación”, ya que son dos conceptos correlativos.

La definición de la genitorialidad expresa  el significado de la transmisión de la vida dentro de la especie humana. Tiene, obviamente, un componente biológico; pero este nivel biológico queda plenificado  por los significados específicamente humanos: psicológicos, relacionales, culturales, religiosos, etc.

Juan Pablo II propone una noción completa de genitorialidad al afirmar:  “La paternidad y maternidad humanas, aun siendo biológicamente parecidas a las de otros seres de la naturaleza, tienen en sí mismas, de manera esencial y exclusiva, una ‘semejanza’ con Dios, sobre la que se funda la familia, entendida como comunidad de vida humana, como comunidad de personas unidas en el amor (communio personarum). (Carta a la familias n.6).

El mismo Juan Pablo II va a insistir en muchas ocasiones sobre este significado amplio y profundo de las realidades de la paternidad/maternidad:

“En su realidad más profunda, el amor es esencialmente don y el amor conyugal, a la vez que conduce a los esposos al recíproco ‘conocimiento’ que les hace ‘una sola carne’ (Gén 2,24), no se agota dentro de la pareja, ya que los hace capaces de la máxima donación posible, por la cual se convierten en cooperadores de Dios en el don de la vida a una nueva persona humana.  De este modo los cónyuges, a la vez que se dan entre sí, dan más allá de sí mismos la realidad del hijo, reflejo viviente de su amor, signo permanente de la unidad conyugal y síntesis viva e inseparable del padre y de la madre”.

En la misma Familiaris consortio n. 14 agrega:  “Al hacerse padres, los esposos reciben de Dios el de una nueva responsabilidad.  Su amor paterno está llamado a ser para los hijos el signo visible del mismo amor de Dios, ‘del que proviene toda paternidad en el cielo y en la tierra’ (Ef 3,15)”.

El Papa también es consciente de las dificultades que están viviendo hoy muchas parejas que no pueden concebir un hijo:  “Sin embargo, no se debe olvidar que incluso cuando la procreación no es posible, no por esto pierde su valor la vida conyugal.  La esterilidad física, en efecto, puede dar ocasión a los esposos para otros servicios importantes a la vida de la persona humana, como por ejemplo, la adopción, las diversas formas de obras educativas, la ayuda a otras familias, a los niños pobres o minusválidos”. Ana antes del nacimiento de su hijo Samuel vivía desconsolada y Alcaná, su marido le dijo: Ana, ¿por qué te afliges? ¿No valgo yo para ti más que diez hijos? (1ª Samuel 1,8)

Veamos ahora unas nuevas formas de genitorialidad. La descomposición de la familia, por razón de la separación o del divorcio ha dado lugar a la presencia normal de una figura parental: LOS NUEVOS “PADRASTOS” Y NUEVAS “MADRASTAS”.  Estas figuras nos muestras, que culturalmente hablando, se puede tener más de un “padre” y una “madre”.  Por otra parte, su presencia origina notables cambios en la organización de las relaciones entre los padres, tanto biológicos como jurídicos y culturales, y entre los padres (biológicos y culturales) y los hijos (biológicos o culturales).  Y la misma convivencia fraternal entre los “míos”, los “tuyos”, los “nuestros” como en las familias recompuestas.

Como se ve, las relaciones intrafamiliares adquieren una complejidad nueva y se requieren nuevos aprendizajes para estas nuevas formas de genitorialidad.  La experiencia indica, por ejemplo, que es más difícil ser madrasta que ser padrastro. En estos años he presenciado y bendecido el matrimonio de parejas que aportaban los hijos de uniones precedentes y he encontrado en varios esposos corazones muy generosos capaces de acogerlos como  a sus propios hijos.

Veamos algunos “impactos” que recibe hoy la “genitorialidad”:

-La prolongación de la presencia del hijo en el hogar origina, en consecuencia, un alargamiento de la genitorialidad:  los padres son “padres” durante más tiempo.

-La limitación del número de hijos hace que la genitorialidad se contraiga y se manifieste con toda su fuerza sobre en número reducido de hijos (uno o dos).

-La cultura actual tiende a  sobre-culpabilizar a los padres de los males que producen  los hijos y los males que éstos realizan.

-En términos generales, se ha producido una disociación entre conyugalidad y genitorialidad:  una cosa es ser “cónyuges” y otra distinta es ser “progenitores”.

El Papa Juan Pablo II era consciente de las crisis que producen los cambios en la familia tradicional:

“La experiencia enseña que el amor humano, orientado por su naturaleza hacia la paternidad y hacia la maternidad, se ve afectado  a veces por una crisis profunda y por tanto se encuentra amenazado seriamente. En tales casos, habrá que pensar en recurrir a los servicios ofrecidos por los consultorios matrimoniales y familiares, mediante los cuales  es posible encontrar ayuda, entre otros, de psicólogos y psicoterapeutas específicamente preparados.  Sin embargo, no se puede olvidar que son siempre válidas las palabras del Apóstol:  ‘Doblo mis rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra’ (Ef 3,14-15)”. La Maternidad y la Paternidad hace parte del bello misterio de Dios.

Y terminamos con esta profesión de fe del Papa que nosotros en Comunidad Alegría y en la Pastoral Familiar del Minuto de Dios hemos asumido con todo convencimiento:

“El matrimonio, el matrimonio sacramento, es una alianza de personas en el amor. Y el amor puede ser profundizado y custodiado solamente por el Amor, aquel Amor que es ‘derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que  nos ha sido dado’ (Rm 5,5)”(…). La oración de la Familia, ¿no debería concentrarse en el punto crucial y decisivo del paso del amor conyugal a la generación y, por tanto, a la paternidad y maternidad? (…). El Apóstol, doblando sus rodillas ante el Padre, lo invoca para que ‘conceda… ser fortalecidos por la acción de su Espíritu en el hombre interior’ (Ef 3,16).  Esta ‘fuerza del hombre interior’ es necesaria en la vida familiar, especialmente en sus momentos críticos es decir, cuando el amor –manifestado en el rito litúrgico del consentimiento matrimonial con la palabras:  ‘Prometo serte fiel… todos los días de mi vida’- está llamado a superar una difícil prueba”. (Carta a las Familias n. 7).

Les informo que estamos preparando ya nuestro próximo Congreso Regional de Matrimonio para el sábado 8 de octubre en el Colegio Virrey Solís. Tendremos como predicador invitado al Padre Charly García.  Espero encontrarlos  y poder renovar esa bella comunión espiritual entre todas las parejas de los Encuentros de Renovación Matrimonial.

Los recuerdo a todos/as en mi oración y los entrego a los corazones amante de Jesús y de María,

Fraternalmente,

P. Raúl Téllez V. CJM
Director Pastoral familiar “Minuto de Dios”
rtellezv@hotmail.com