La Genealogía de Jesús y nuestras raices en la Familia

“Libro del origen de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán: Abrahán engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob…  David engendró de la mujer de Urías a Salomón…  Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel… y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nación Jesús, llamado el Cristo”.

Así que el total de las generaciones son: desde Abrahán hasta David, catorce generaciones; desde David, catorce generaciones; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce generaciones; desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones”. (Cfr. Mateo 1, 1-17).

La genealogía nos ayuda a conocer nuestros orígenes, nuestras raíces.  Para los judíos era muy importante conservar viva la memoria de sus antepasados.  De esta manera, el nacimiento de Jesús queda vinculado a la historia de un pueblo, Israel; una historia cargada de promesas y esperanzas (de parte de Dios), pero también de fragilidad y de pecado (de parte del hombre).  Una pequeña historia, en definitiva, que nos representa y de la que dependerá toda la historia humana.

El Evangelio de Mateo nos está hablando de una historia  real y concreta, una historia de hombres y mujeres que evocan todo lo que de bueno, de frágil, de éxito y de fracaso, de dolor y de sufrimiento existen en la familia humana: patriarcas, sabios y profetas; buenos y malos gobernantes, trabajadores, campesinos, desterrados, esclavos, emigrantes y prostitutas.

El Mesías debería descender de David.  Pues bien, Jesucristo desciende de David.  Por eso divide la genealogía en tres partes, compuesta cada una de catorce nombres. El número 14 por ser el doble de 7 indica perfección y plenitud.  Aquí significaría la perfección y providencia especial de Dios en la disposición de toda la historia salvífica anterior, que culmina en Cristo.

¿Quién al leer esta primera página del evangelio, se sentirá excluido de la familia de Jesús?  La cadena de generaciones desemboca por fin en el último eslabón, no uno más, sino único, definitivo y extraordinario: un nacido de la “Virgen María”: “Jesús, llamado el Cristo” (v. 16).

La familia es el punto principal, la opción más importante de la vida del ser humano; por consiguiente, entra en las preocupaciones que tenemos: cómo hacer para que las personas cada vez más se preparen para esta opción de vida. Todas las cosas grandes se preparan, no se improvisan, pero muchas veces la opción más grande de la vida que es el amor y la familia se improvisan. A veces tenemos familias que comienzan por un error y no por una opción en libertad. Preparar esta opción de vida es tal vez el objetivo más grande de toda evangelización y de la pastoral familiar.

Hoy en muchas personas se siente  la falta de raíces.  Y sin raíces un árbol no puede crecer ni dar sombra a otros.  Cuando dos personas que no han recibido ni en su familia ni en la fe unas raíces profundas desde las que poder vivir, generalmente desean darse mutuo apoyo en la nueva familia que han formado: anhelan la familia como lugar de seguridad, de bienestar, de paz, de acogida, comprensión totales.  Quieren que la familia sustituya lo que hasta ese momento han echado de menos en sus familias de origen.

Lo malo es que quieren que la nueva familia les aporte de un solo golpe lo que ellas mismas no tienen. En este caso, el uno se aferra al otro y espera de él apoyo y seguridad absolutos. Pero ningún ser humano puede dar algo absoluto.  Sólo Dios puede hacerlo.

Toda persona ha experimentado en su familia lo que es una raíz.  Aun cuando los padres no pudieran dar tanto como se esperaba de ellos, dieron los que les fue posible. Y uno debería aceptarlo con agradecimiento.  Tales raíces, que cada cual ha recibido de su padre y de su madre, son el amor que éstos le dispensaron.  Hicieron muchísimo por uno, se preocuparon, lo acompañaron, le dieron apoyo y seguridad. La raíz que hemos recibido de los padres, es también la filosofía vital por la que ellos orientaron su vida. Podemos descubrir dicha filosofía vital cuando nos preguntamos por las frases sabias o dichos populares con que reaccionaban ante situaciones difíciles.

Un joven contaba cómo siempre le había fascinado que su padre, ante cualquier dificultad, dijera: “en el nombre de Dios”.  Ante las dificultades no se dejaba llenar de miedo, sino que las vencía con la confianza en Dios. Yo mismo escuché de mi madre y de varios sacerdotes cuando niño la expresión “sangre de Cristo protégenos”. Esta invocación aparece instintivamente  cuando me encuentro en situaciones difíciles.

Nuestras raíces, sin embargo, no se basan sólo en los padres.  Hemos crecido en un entorno religioso y social.  Algunos hablan de sus raíces en la parroquia o en una Comunidad como “Alegría”.  Allí se sintieron seguros.  Allí como monaguillos o como lectores o cantores, encontraron en la Iglesia un hogar.  Esto fortaleció sus raíces espirituales.  Otros en el colegio que frecuentaron se sintieron como en casa. Con frecuencia fueron sus maestros quienes dieron a su pensamiento una estructura clara, quienes les dieron el cariño que echaban de menos en casa y quienes, de paso, les dieron una sólida filosofía de vida.  En su entorno había personas paternales y maternales que establecieron en su vida raíces sanas.

En el diccionario de la real academia española da la siguiente definición de la palabra “raíz”: “órgano de las plantas que crece en dirección inversa a la del tallo, carece de hojas, e introducido en tierra o en otros cuerpos, absorbe de estos o de aquella las materias necesarias para el crecimiento y desarrollo del vegetal y les sirve de sostén”.

De la raíz obtenemos a menudo ungüentos que detienen inflamaciones o son buenos para enfermedades de la piel.  De las raíces sanas, de las que vive la familia, tienen una influencia sanadora en todos, padres e hijos.  Por eso a la familia le sienta bien reflexionar una y otra vez sobre sus raíces.  Las raíces tienen una virtualidad sanadora. La experiencia procedente de las raíces, el estar sostenido, inmerso en contextos relacionales mayores. Todo ello puede sanar las heridas que se producen en virtud de la convivencia.

En la Biblia se hablaba de la raíz de Jesé.  En la edad media se vinculó el árbol genealógico de Jesús con dicha raíz de Jesé. Una raíz importante de toda familia es su árbol genealógico.  La familia participa de las estrategias de superación  de sus antepasados.  Los abuelos no sólo son importantes para cuidar niños y prestar apoyo a la familia.  También hacen referencia al pasado, al árbol genealógico del que depende la familia y del que ésta recibe fuerza.  Pensemos en las costumbres y ritos de la familia como la celebración familiar de la novena de Navidad.  Los ritos permiten a la familia participar de la fuerza de la fe que tenían las generaciones pasadas, de la confianza con la que los antepasados superaron tiempos difíciles, y del anhelo que los sostuvo.  A las familias, con frecuencia tan reducidas hoy en día, les sienta bien sumergirse en la raigambre de sus historias familiares.  Así tienen la sensación de que su vida se ve nutrida desde las raíces sanas y fuertes de los antepasados.

En este bello tiempo de preparación a la Navidad y de comienzo de un nuevo año civil los invito a que se tomen  un tiempo para preguntarnos por nuestros padres y por las personas importantes en la historia de nuestra vida: ¿qué les sostenía? ¿Cuáles eran las raíces de la que vivían?, ¿cuál era su anhelo? ¿Con que principios regían sus vidas? ¿Cuáles son las “huellas” que esas personas han dejado en mí?, ¿qué tomo yo de estas raíces de mi familia y de mi historia personal?, ¿de qué manera me marcan?

A todas las parejas y familias que han caminado con nosotros en los Encuentro de Renovación Matrimonial, Asamblea de los viernes, Comunidad base y de servidores; a nuestras queridas sicólogas y profesionales al servicio de la familia en “Casa Alegría” y a todos los que han pasado por las asesorías un saludo especial de feliz Navidad y próspero año nuevo 20010.  Recuerden que queremos ser una gran familia  donde Cristo viva y reine en nuestros corazones por la fe, la esperanza y el amor.

Para todos un agradecimiento por el granito de arena que han colocado para el crecimiento de esta bella Comunidad y de la Pastoral Familiar del Minuto de Dios.  A todos los recuerdo con cariño sacerdotal en mi oración y los entrego a los corazones amantes de Jesús y de María,

P. Raúl Téllez V. CJM

Director Pastoral Familiar Minuto de Dios

rtellezv@hotmail.com

La Pascua: Nuestro único camino es el amor

La Madre Teresa de Calcuta decía que la peor enfermedad del mundo de hoy no es la tuberculosis o la lepra sino el no sentirse amados o deseados, el sentirse abandonados.  “La medicina puede sanar las enfermedades del cuerpo, pero la única curación para la soledad, la desesperación y la falta de perspectivas, es el amor.  Existen numerosas personas en el mundo que mueren porque no tienen un pedazo de pan, pero un número todavía mayor mueren por la falta de amor”.

En efecto vivimos en una sociedad en que el verdadero amor es algo extraño.  Podemos correr el riesgo de ser como huérfanos, sin padre ni madre, abandonados cada uno a su propio destino individual. Y muchos aceptan con resignación esta condición.  Pero también podemos preguntarnos, qué cosas puede nacer en una familia o en una ciudad que es como un desierto de amor?  Sólo la hierba amarga y venenosa del individualismo que nos empuja a salvar egoístamente nuestro propio pellejo. Y eso es lo que escuchamos muchas veces en nuestros hogares desde pequeños: “piensa sólo en ti”, “sal adelante tú”, “defiéndete y gana como puedas”.

Ese es como el “evangelio del mundo” que se contrapone al Evangelio de Jesús.  El mismo Jesucristo experimentó esta tentación sobre la cruz.  El Evangelista Lucas en el capítulo 23 en su relato de la Pasión, escribe que todos (sacerdotes, soldados, el pueblo y uno de los dos ladrones le gritaban a Jesús: ¡Sálvate a ti mismo!  Esta fue su última y más peligrosa tentación.

Pero cómo podía salvarse a sí mismo si había venido para salvar a la humanidad: Que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos (Mc 10,45).

Para todos nosotros el camino más fácil es, al contrario, buscar nuestra salvación personal, sobre todo cuando la inseguridad y los peligros nos acechan.  La defensa de sí mismo, del propio espacio, de los propios intereses, del propio dinero, ser convierte a veces en la primera y única preocupación.

Lo que hacemos es apagar el   sueño de una sociedad más solidaria y se crece en una ciudad de individuos fríos, calculadores y encerrados en sus mezquinos intereses.

Las consecuencias de lo anterior son evidentes:  privados de amor y de protección nos sentimos más débiles y más inseguros.  Hoy las personas buscan desesperadamente una tabla de salvación en la que puedan creer como sectas y grupos religiosos al gusto de cada uno. Otros, por ejemplo, buscan soluciones a sus angustias en la brujería, adivinación, lectura de cartas o del cigarrillo.  Pero la soledad que favorece la angustia y la infelicidad se cura sólo con el amor.

Si profundizamos en nuestro propia vocación nos damos cuenta que la soledad es la negación de nuestro ser.  Lo afirmó Dios mismo cuando creó a Adán.  Yahvé Dios cayó en la cuenta que Adán no era completo:  No es bueno que el hombre esté sólo.  Voy a hacerle una ayuda adecuada. (Gn 2,18).  Y le dio como compañera a  Eva.  Esta página de la Biblia nos recuerda  nuestra radical vocación al amor está inscrita en el corazón de cada uno de nosotros.

He aquí porque como seres solitarios se esta mal, sin alguno a quien amar la vida se convierte en un infierno.  Y sobre este fundamento se establece la primera la primera forma del amar: la familia, pero también, todas las otras formas de comunión humana.  Podemos concluir que el amor está inscrito en los mismos cromosomas de toda persona humana.  Ninguno por eso puede vivir desligado de los otros  y existir como ser solitario. Y no podía ser de otra manera por el hecho de que el hombre es hecho a imagen y semejanza de Dios. Y Dios nos es sólo, es una “Comunidad de Amor y de Vida”, el misterio de la Santísima Trinidad.  También cuando oramos a ese Dios-Amor vivimos una bella experiencia de comunión.  Benedicto XVI ha afirmado que el que ora nunca está totalmente sólo.

Los recuerdo a todos con cariño sacerdotal y los entrego, en mi oración a los corazones amantes de Jesús y de María,

P. Raúl Téllez V. CJM

PASTORAL FAMILIAR MINUTO DE DIOS

Las Crisis Matrimoniales según el Papa Benedicto XVI

 

El pasado viernes 26 de septiembre de 2008 el Papa Benedicto XVI dirigió un mensaje especial al recibir en el Vaticano a los participantes en la reunión internacional del movimiento Retrouvaille. Un movimiento canadiense que, como la Comunidad Alegría, trabaja por la restauración de las parejas y las familias. Quiero compartir sus iluminadoras y alentadoras palabras sobre la realidad de los matrimonios:

El Papa inició manifestando su favorable opinión sobre este movimiento: “Me ha impresionado, queridos amigos, vuestra experiencia que os pone en contacto con familias marcadas por la crisis del matrimonio. Reflexionando en vuestra actividad, una vez más he podido ver el “dedo” de Dios, es decir, la acción del Espíritu Santo, que suscita en la Iglesia respuestas adecuadas a las necesidades y a las emergencias de todas las épocas. Ciertamente en nuestros días la separación y los divorcios se han convertido en una emergencia muy sentida. Por tanto, fue providencial la intuición de los cónyuges Guy y Jeannine Beland, en 1977, de ayudar a las parejas en grave crisis a afrontarla por medio de un programa específico, cuyo fin es reconstruir sus relaciones, no como una alternativa a las terapias psicológicas, sino como un camino distinto y complementario”.

Como sucede en el Minuto de Dios con la experiencia de muchas parejas que han llegado al Encuentro de Renovación matrimonial y luego de superar su propia crisis se convierten en testigos y misioneros para otras parejas en crisis. La palabras del Papa se refieren a todos los servidores de la pastoral familiar: “De hecho, vosotros no sois profesionales; sois esposos que a menudo han vivido en primera persona las mismas dificultades, las han superado con la gracia de Dios y el apoyo de Retrouvaille y han experimentado el deseo y la alegría de poner, a su vez, la propia experiencia al servicio de los demás. Entre vosotros hay varios sacerdotes que acompañan a los esposos en su camino, partiendo para ellos la Palabra y el Pan de la vida. “Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis” (Mateo 10,8): constantemente hacéis referencia a estas palabras de Jesús dirigidas a sus discípulos”.

Luego el Papa Benedicto XVI comparte su parecer sobre las “crisis” que viven la mayoría de  los matrimonios:

“Como demuestra vuestra experiencia, la crisis conyugal –estamos hablando de crisis serias y graves– constituye una realidad con dos caras. Por una parte se presenta, especialmente en su fase aguda y más dolorosa, como un fracaso, como la prueba de que el sueño ha terminado o se ha transformado en una pesadilla y, por desgracia, “no hay nada que hacer”. Esta es la cara negativa. Pero hay otra cara, que nosotros desconocemos con frecuencia, pero que Dios ve. Toda crisis, de hecho, nos lo enseña la naturaleza, constituye el paso a una nueva fase de la vida. Si bien en el caso de las criaturas inferiores esto sucede de manera automática, en el ser humano implica la libertad, la voluntad y, por tanto, una “esperanza más grande” que la desesperación”.

En medio de la crisis, afirma el Papa, es importante  que surjan personas, comunidades organizadas y bien preparadas que acompañen a las parejas en crisis para salir vencedores:

“En los momentos más oscuros, los cónyuges han perdido la esperanza; entonces se da la necesidad de otras personas que la custodien, de un “nosotros”, de una compañía de auténticos amigos que, con el máximo respeto, pero también con sincera voluntad de bien, estén dispuestos a compartir algo de su propia esperanza con quien la ha perdido. Pero no de manera sentimental o superficial, sino organizada y realista. De este modo, en el momento de la ruptura, ofrecéis a la pareja una referencia positiva en la que confiar frente a la desesperación. De hecho, cuando la relación degenera, los cónyuges caen en la soledad, tanto individual como de pareja. Pierden el horizonte de la comunión con Dios, con los demás y con la Iglesia. Entonces, vuestros encuentros ofrecen el “agarradero” para no perderse totalmente, y para volver a subir poco a poco la cuesta. Os veo como a custodios de una esperanza más grande para los esposos que la han perdido”.

Finalmente el Papa, a partir  del texto de las bodas de Caná, quiere invitar a los esposos a que  abran sus corazones a la presencia sanadora de Jesús y a la intercesión de la Virgen María:

“La crisis, por tanto, concebida como momento de crecimiento. Desde esta perspectiva se puede leer la narración de las bodas de Caná (Juan 2, 1- 11). La Virgen María se da cuenta de que los esposos “ya no tienen vino” y se lo dice a Jesús. Esta falta de vino hace pensar en el momento en el que, en la vida de pareja, termina el amor, se agota la alegría y se derrumba el entusiasmo del matrimonio. Después de que Jesús transformó el agua en vino, felicitaron al esposo pues, según decían, había guardado hasta ese momento “el vino bueno”. Esto significa que el vino de Jesús era mejor que el anterior. Sabemos que este “vino bueno” es símbolo de la salvación, de la nueva alianza nupcial, que Jesús ha venido a realizar con la humanidad. Y precisamente de ésta es sacramento todo matrimonio cristiano, incluso el más frágil y vacilante, y puede encontrar, por tanto, en la humildad la valentía para pedir ayuda al Señor. Cuando una pareja en dificultad o –como demuestra vuestra experiencia– incluso ya separada, se encomienda a María y se dirige a Aquél que ha hecho de los dos “una sola carne”, puede estar segura de que la crisis se convertirá, con la ayuda del Señor, en un momento de crecimiento, y que el amor quedará purificado, madurado, reforzado. Esto sólo lo puede hacer Dios, que quiere servirse de sus discípulos como de válidos colaboradores para acercarse a las parejas, escucharlas, ayudarlas a redescubrir el tesoro escondido del matrimonio, el fuego que ha quedado sepultado bajo las cenizas. Reaviva y hace que vuelva a arder la llama; ciertamente no como en el enamoramiento, sino de una manera diferente, más intensa y profunda: ahora bien, es siempre la misma llama”.

Finalmente el Papa  regala una palabra de aliento y su oración por todos aquellos que trabajan contra la corriente divorcista generalizada y por la unidad matrimonial y familiar:

“Queridos amigos que habéis querido poneros al servicio de los demás en un campo tan delicado: os aseguro mi oración para que vuestro compromiso no se convierta en mera actividad, sino que sea siempre, en el fondo, testimonio del amor de Dios. Vuestro servicio va “contra la corriente”. Hoy, de hecho, cuando una pareja entra en crisis, se encuentra con muchas personas dispuestas a aconsejar la separación. Incluso a los esposos casados en el nombre del Señor se les propone con facilidad el divorcio, olvidando que el hombre no puede separar lo que Dios ha unido (Cf. Mateo 19,6; Marcos 10,9). Para desempeñar vuestra misión también vosotros tenéis necesidad de alimentar continuamente vuestra vida espiritual, poner amor en lo que hacéis para que, al entrar en contacto con realidades difíciles, vuestra esperanza no se agote y no quede reducida a una fórmula. Que en esta delicada obra apostólica os ayude a la Sagrada Familia de Nazaret, a quien confío vuestro servicio, y especialmente los casos más difíciles. Que esté a vuestro lado María, Reina de la familia, mientras os imparto de corazón la bendición apostólica a vosotros y a todos los que adhieren al movimiento”.

Que estas palabras del Papa Benedicto XVI nos animen también a continuar en nuestra oportuna y hermosa tarea de anunciadores de la Buena noticia del amor conyugal y familiar.

Los recuerdo a todos en mi oración y los entrego a los corazones amantes de Jesús y de María,

P. Raúl Téllez V.

Pastoral familiar “Minuto de Dios”

rtellezv@hotmail.com

 

Intercesión

Intercesión

Qué es un intercesor?

Es el que se interpone entre Dios y los hombres, vive la necesidad de la humanidad y suplica al Dios de la vida y de la misericordia que tenga piedad con los hermanos y los bendiga de acuerdo a su voluntad.

Quienes están llamados a ser intercesores?

Todos los cristianos estamos llamados, pero para formar parte en el Ministerio de Intercesión se necesita tener compromiso primero con DIOS y segundo con los seres humanos.

Cómo descubrir el llamado al Ministerio de Intercesión?

  • Si tengo el deseo de orar constantemente.
  • Si tengo oración diaria con disciplina.
  • Si quiero más y anhelo más de Dios
  • Si valoro la oración como “muy importante” en medio de cualquier problema
  • Si me formo dentro del Ministerio de Intercesión
  • Si canalizo los carismas hacia el Ministerio de Intercesión

Dios busca INTERCESORES.

En Ezequiel 22,29-30 el Señor nos dice:

“La gente del pueblo se dedica a la violencia y al robo; explotan al pobre y al necesitado, y cometen violencias e injusticias con los extranjeros. Yo he buscado entre esa gente a alguien que haga algo a favor del país y que interceda ante mí para que yo no los destruya, pero no lo he encontrado.”

Se necesitan no uno, sino muchos intercesores que se unan a esta batalla. Estamos en una guerra espiritual y se necesitan tus oraciones, tu tiempo, tus rodillas, tus manos.  Se necesita de hombres y mujeres que se levanten en la intercesión para arrebatarle a Satanás las almas que están cautivas, y llevarlas a los pies de Cristo Jesús.  Tú, puedes ser uno de esos intercesores, no mires al que está a la derecha o al que está a la izquierda. Tú puedes ser uno de esos intercesores, un excelente intercesor, que clame al cielo mañana, tarde y noche para que las almas recuperen la gracia que han perdido por el pecado o por alejarse de Dios. Se necesitan más intercesores.

La COMUNIDAD MATRIMONIAL ALEGRIA cuenta con un MINISTERIO DE INTERCESIÓN, el cual se reúne todos los jueves en el horario de 10:00 a 11:00 a.m., donde oramos, alabamos y crecemos espiritualmente, y en el horario de 9:00 a 10:00 tenemos la Eucaristía precedida por nuestro pastor el Padre Raúl Téllez.

En la actualidad contamos con la asistencia de ocho servidores comprometidos y seis a ocho personas que llegan esporádicamente buscando oración por sus necesidades.

 

Congreso Regional de Matrimonios

Fecha aún por definir para este 2014

Congreso Regional de Matrimonios

CONVOCATORIA AL XXVI CONGRESO REGIONAL DE MATRIMONIOS DE LA PASTORAL FAMILIAR MINUTO DE DIOS Y LA COMUNIDAD MATRIMONIAL ALEGRÍA:“LA FE EN PAREJA Y EN FAMILIA”: “PORQUE USTEDES HAN SIDO SALVADOS POR LA FE, NO POR MÉRITO PROPIO, SINO POR LA GRACIA DE DIOS” (Efesios 2,8)

El próximo sábado 10 de agosto estaremos celebrando, de las 2-8 PM, en el teatro Minuto de Dios, el Congreso de todas las parejas que han hecho sus Encuentros de Renovación Matrimonial, los Encuentros de Renovación para Novios en el Minuto de Dios y de todas las parejas que quieren sanar, profundizar y renovar sus vidas, sus relaciones y reemprender con nuevas fuerzas “el camino del amor” desde una vivencia profunda de la fe.

El tema que nos congrega en este año es muy bello y oportuno porque tiene que ver con el año de la fe: “LA FE EN PAREJA Y EN FAMILIA”.  Recordamos esa palabra de San Pablo en Efesios 2, 8: “Porque ustedes han sido salvados por la fe, no por mérito propio, sino por la gracia de Dios”.

Queremos proclamar a una sola voz que las parejas y las familias son la gran obra de Dios, recreados por medio de Cristo que nos reconcilió con el Padre y que nos ha llamado a construir un mundo más humano, más acogedor, con parejas y familias que han superado las tristes  y dolorosas divisiones, heridas, conflictos, infidelidades, vicios, que en muchos hogares hacen su aparición, generalmente por la triste realidad del pecado y de la inmadurez humana.

Con la predicación del Padre Diego Jaramillo buscaremos revivir ese gran don de la Fe, esa luz que alumbró por primera vez nuestras vidas  y que recibimos en el Sacramento del Bautismo,  a través de la profesión de fe de nuestros padres y padrinos.  Ese día marcó el inicio de una alianza de amor entre ese Dios que se comprometió a ser el mejor de los Padres, a darnos todos las bendiciones y dones; en su Hijo Amado, nos declaró, también HIJOS AMADOS, llamados a reproducir en nosotros la imagen de su Hijo.  A este propósito nos dice el mismo San Pablo: “Somos obra suya, creados por  medio de Cristo Jesús para realizar las buenas acciones que Dios nos había asignado como tarea” (Ef 2, 10)

Con la predicación de Fray Nelson Medina OP, estaremos recibiendo unas claves bíblicas y espirituales para vivir  el don de la fe en la pareja y en la familia.  Estamos seguros que el abrir el espacio a la Gracia de Dios, generalmente después de alguna crisis matrimonial y/o familiar, marca un nuevo comienzo como personas, como parejas y como familias; proceso humano-espiritual que nos exige un crecimiento continuo, “hasta que todos alcancemos la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, el estado de hombre perfecto y a la madurez de la plenitud en Cristo. Así no seremos niños, juguete de las olas, arrastrados por el viento de cualquier doctrina, por el engaño de la astucia humana y por los trucos del error” (Ef 4, 13-14).

Con la guía del P. Javier Riveros iniciaremos nuestra jornada, colocando nuestras vidas y familias a los pies de Jesucristo, en la gran Adoración a Jesucristo Eucaristía, modelo perfecto de  amor entregado y donado generosamente por nuestra salvación.

Todo tendrá su culmen con la celebración de la Sagrada Eucaristía de Reconciliación y Renovación Matrimonial, presidida por el P. Raúl Téllez. Allí tendremos momentos de perdón y reconciliación con Dios, con nosotros mismos y de cada pareja.  Habrá un momento de renovación de los compromisos matrimoniales y al final esperamos que cada pareja pueda encarnar lo que nos pide San Pablo a toda su comunidad de Efeso:

“Pero, gracias a Cristo Jesús los que un tiempo estaban lejos, ahora están cerca, por la sangre de Cristo.  Porque Cristo es nuestra paz, el que de dos pueblos hizo uno solo, derribando con su cuerpo el muro divisorio, la hostilidad… creando de los dos una nueva humanidad; restableciendo la paz”.  (Ef 2, 13-15).

En el transcurso de la tarde, escucharemos algunos testimonios edificantes sobre la vivencia de la fe de varias parejas servidoras de la Comunidad Matrimonial Alegría y tendremos el concierto de Jesús y Diana, una pareja que ejercen un bello ministerio de evangelización a través de la música y la predicación.

Esperamos salir todos con un renovado entusiasmo a DAR TESTIMONIO DE LA MARAVILLAS QUE EL SEÑOR REALIZO; será una nueva etapa en nuestro itinerario de fe y crecimiento.

Quiero aprovechar para invitarlos mientras llega la fecha del Congreso a las asesorías  que se realizan en la “Casa Alegría”, de la pastoral familiar en el “Minuto de Dios”.  Estamos apoyados por un grupo de profesionales entre los que encontramos sacerdotes, asesores de familia, orientación espiritual, la presencia de psicólogos en sus diferentes especializaciones, la sexóloga; asesoría canónica, y jurídica, asesores en temas  como alcoholismo, drogadicción, etc.

Los “Congresos Regionales de Matrimonios” son una oportunidad para dar gracias a Dios y de volverlos a ver y abrirnos de nuevo a esa presencia sanadora y renovadora de nuestro Señor Jesucristo.  ¡BIEVENIDOS!

Siempre los recuerdo a todos en mi oración y los confío a los corazones amantes de Jesús y María,

 

P. Raúl Téllez V. CJM

Director Pastoral Familiar Minuto de Dios

rtellev@hotmail.com

Misión, Visión

Nuestra Misión:

Proclamar el evangelio del amor conyugal con nuestra palabra y nuestra vida, para ofrecer soluciones reales a los problemas de las familias de hoy y hacer de Jesucristo el centro del hogar.

Nuestra Visión:

Ser una comunidad líder en la pastoral familiar de la Iglesia Católica. Vivir una auténtica espiritualidad. Tener un audaz espíritu misionero. Estar proyectados al mundo. Tener cobertura local y nacional en nuestra pastoral familiar. Contar con personal suficiente y calificado para la evangelización de la familia. Tener el dinamismo y la excelencia suficientes para aportar a la solución de los problemas de la familia colombiana.

Nuestros Principios:

  • Fé Cristiana
  • Solidaridad
  • Ecuanimidad
  • Integralidad
  • Confidencialidad

Nuestros Valores:

  • Espiritualidad
  • Honestidad
  • Probidad
  • Lealtad
  • Responsabilidad

Capacidad de quererme y valorarme

Quererme y valorarmeA todas las personas que se conectan a nuestra página les contamos que a partir de la fecha desde el AREA DE PSICOLOGIA, haremos un recorrido interesante por diversas temáticas, donde tomaremos aspectos prácticos para ser discutidos con su pareja y que redunden en beneficio de sus hijos.
Sin más preámbulos iniciaremos con este artículo. Sin lugar a duda el amor y respeto que nos merecemos por ser personas e hijos de Dios (Dignidad), debe iniciar por cada uno de nosotros como seres individuales para entender y comprender la dignidad de nuestra pareja; pero esto parte de reconocer la manera como nos queremos y valoramos.
Permanentemente nos preocupa saber: ¿quién soy yo?, ¿cómo soy?, ¿qué pienso de mí mismo(a)?, ¿estoy contento con mi cuerpo y mi manera de ser? Antes de la concepción  nuestros padres ya han iniciado nuestra historia. Es posible que nos hayan deseado o, por el contrario, nos hayan rechazado. Este planteamiento comienza a determinar, al menos en parte, nuestra propia vida.
Luego el embarazo, si fue muy difícil para la madre, o sí, por el contrario, fue agradable y lleno de esperanzas. Si la relación de pareja es armónica, con una comunicación adecuada y con la expresión tierna del afecto y la sensualidad. O si estuvo matizada de acaloradas discusiones, peleas, incluso  golpes. Más adelante, el alumbramiento. Para unos es traumático en el aspecto médico; siempre lo es desde el punto de vista psicológico, pues el bebé está muy cómodo en el útero materno y la madre todo lo hace por él.  Al nacer, con su grito de dolor, nos está indicando que empieza de alguna manera a asumirse así mismo. Las funciones fisiológicas nadie las hace por él, siente frío o calor, dolor, hambre o sed. Nace con una invalidez total. De allí la importancia del cuidado de los padres y de cómo es impartido ese cuidado. Pues todos estos pequeños y grandes detalles influyen en el desarrollo de una mayor o menor autoestima.
La forma como el padre o la madre bañan al bebé, como se le da seno o biberón, como se le toca y acaricia, van transmitiéndole a ese pequeño ser que vale la pena vivir, sentir, desear, amar, porque él es amado a través de ese trato. O puede sentir la indiferencia, la rabia, hasta el odio, por su presencia, porque así lo hacen sentir los adultos.
La autoestima o capacidad de quererse es un conjunto de ideas, percepciones e imágenes que una persona tiene de sí misma en términos valorativos (Corkille Briggs, 1983; Branden, 1988; Sanford y Donorm, 1985).
Piensa y reflexiona: ¿Cómo nos presentemos?, ¿Cómo hablamos de nosotros mismos?, ¿Qué espacio físico y vivencial ocupamos?, ¿Cómo nos tratamos?, con todo esto vamos enriqueciendo el amor propio.
Tener una autoestima es una acción que desarrollamos a través de nuestra historia. Por eso sentimos amor, cuidado y comprensión por nosotros mismos. Nos sentimos seres humanos valiosos y tratamos de buscar relaciones afectivas satisfactorias. Lo contrario indicará una autoestima baja.
Vemos claramente en Mateo 22:36-40 “Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas”.
Para los propósitos de este artículo, el verso más importante es Mateo 22:39: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Este es probablemente el verso más citado para la enseñanza de la autoestima, es una orden a amarse a  usted mismo, siendo el prerrequisito y el criterio para nuestra conducta hacia nuestro prójimo.
¡Esta es una declaración asombrosa! No nos dice sólo que Jesús nos ordenó amarnos a nosotros mismos, sino que no podemos amar a nuestro prójimo correctamente a menos que primero aprendamos a amarnos a nosotros mismos porque el criterio, o estándar, por el que determinamos decidir cómo amar al prójimo es cómo nos amamos a nosotros mismos!
Espero que este artículo aporte a su vida y le permita reflexionar. Esperamos sus sugerencias, inquietudes, comentarios o preguntas a esta página de la Comunidad Matrimonial Alegría o lalipsico@hotmail.com, escribiendo en el Asunto “Me comunicó para…”
DRA. EULALIA GUZMAN P.
Psicóloga – U.Sabana