La Gran Misión Continental

LA GRAN MISIÓN CONTINENTAL:

LLAMADA A LA FE PARA QUE NUESTRAS FAMILIAS “TENGAN VIDA Y LA TENGAN EN ABUNDANCIA” (Cfr. Jn 10,10)

Estimadas parejas, hermanos y hermanas: al comienzo de un nuevo año los saludo con las palabras que el apóstol Pablo  dirige a Tito, su verdadero hijo en la fe : “Gracia y paz de Dios Padre y de Cristo Jesús nuestro Salvador” (Tito 1,4). Que el Señor nos regale a todos un año 20 10 lleno  de grandes bendiciones y de realización de nuestros proyectos en todas las áreas de nuestra vida personal, familiar, laboral y social.

A nivel comunitario la petición que le hago al Señor es que nos regale esa conciencia viva y fuerte de la Misión que El mismo  ha confiado a la Comunidad Matrimonial “Alegría” y a nuestra querida  Pastoral Familiar del Minuto de Dios, siguiendo a San Pablo: de “llamar a la fe a los elegidos de Dios”, o sea a todos, y a “hacer conocer la verdad” del plan de Dios sobre la pareja y la familia cristiana, aquella verdad que resplandece en las palabras de la revelación divina, en el amplio Magisterio de la Iglesia y que encuentra su plenitud en Jesucristo, la Verdad hecha carne, aquella que “conduce a la piedad”, es decir, a una vida buena, bella, humanizadora y religiosa, y que es “fundada sobre la esperanza de la vida eterna” (cfr. Tito 1, 1-3), y que por consiguiente nos libera de toda esclavitud y desesperación y nos abre los ojos y el corazón al gozo de la vida plena en Jesucristo, el gran “Esposo” de la Iglesia.

 

Es también el desafío serio de la gran Misión Continental que los señores obispos nos han propuesto desde su reunión en el santuario de Aparecida en el Brasil y que nosotros queremos asumir  en la Pastoral familiar del Minuto de Dios, queremos anunciar este año a muchas parejas y familias la promesa de Jesucristo que les hace a través de nosotros: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10). Recojo algunos  numerales  que los obispos nos proponen en su documento conclusivo:
111. La propia vocación, la propia libertad y la propia originalidad son dones de Dios para la plenitud y el servicio del mundo.
112. Ante la exclusión, Jesús defiende los derechos de los débiles y la vida digna de todo ser humano. De su Maestro, el discípulo ha aprendido a luchar contra toda forma de desprecio de la vida y de explotación de la persona humana. Sólo el Señor es autor y dueño de la vida. El ser humano, su imagen viviente, es siempre sagrado, desde su concepción hasta su muerte natural; en todas las circunstancias y condiciones de su vida. Ante las estructuras de muerte, Jesús hace presente la vida plena. “Yo he venido para dar vida a los hombres y para que la tengan en plenitud” (Jn 10, 10). Por ello sana a los enfermos, expulsa los demonios y compromete a los discípulos en la ¿promoción de la dignidad humana y de relaciones sociales fundadas en la justicia.
113. Ante la naturaleza amenazada, Jesús, que conocía el cuidado del Padre por las criaturas que Él alimenta y embellece (cf. Lc 12, 28), nos convoca a cuidar la tierra para que brinde abrigo y sustento a todos los hombres (cf. Gn 1, 29; 2, 15)

 

¿Qué es lo que hacemos en las Asambleas de los viernes, en los Encuentros de Renovación Matrimonial, en los Seminarios de Vida en el Espíritu, en las asesorías de “Casa Alegría”, en los distintos Ministerios y Koinonías, en el  grupo de niños y de jóvenes? En el fondo es  dar testimonio del Evangelio de la Vida plena, es un “llamar a la fe” a los hombres y mujeres que encontramos en el tejido vivo de nuestras relaciones cotidianas, en nuestros ambientes tan diversos: familiares, de  trabajo, de estudio, en nuestra vida social, etc.

 

Nuestra  misión evangelizadora, hace parte  misión que la Iglesia desarrolla en el curso de la historia en la obediencia al mandamiento del Resucitado, es un hacer conocer la verdad que es el mismo Jesucristo, una verdad destinada a renovar radicalmente la vida del hombre, abriéndola a Dios y a la comunión de amor y de vida con Él. La evangelización es una misión que no termina jamás.  Esta es la consigna del Cristo resucitado: “vayan y anuncien a todo el mundo y prediquen el evangelio a toda creatura” (Mc 16,15).

 

Es una misión que nos  involucra a todos nosotros los “discípulos de Jesús” en la variedad y la complementariedad de los dones y de las responsabilidades recibidas del Señor. “Somos embajadores de Cristo, como si Dios mismo exhortara a través de nosotros.  Les suplicamos, en nombre de Cristo: déjense reconciliar con Dios”.  (2ª Cor 5, 20).
Ojalá que todos nos preocupemos por crecer todos los días en nuestra conciencia misionera. Este es el bello fruto que esperamos para nuestra Comunidad “Alegría” en este nuevo año que estamos comenzando.

 

Desde Milán (Italia) donde me encuentro en estos días, los recuerdo a todos  en mi oración y los confío a los corazones amantes de Jesús y María,

 

P. Raúl Téllez V. CJM
Director Pastoral familiar Minuto de Dios
rtellezv@hotmail.com

Ante la “catastrofe antropológica” que estamos viviendo

Ante la “catastrofe antropológica” que estamos viviendo

En Colombia en estos días además de las inundaciones que han afectando a gran parte de nuestros campos y ciudades, y destruyendo con casas, cultivos, carreteras, etc. estamos padeciendo, tristemente, una verdadera catástrofe antropológica y ética que afecta a todos los estratos de nuestra sociedad.

Los altos niveles de corrupción, en lo público y lo privado, la inseguridad, el desconocimiento práctico del valor sagrado de la vida, -como en el caso del asesinato del  P. Gustavo García CJM., todos los ataques contra la familia y tantas situaciones de destrucción del tejido humano en nuestras ciudades, nos reflejan que estamos en una verdadera emergencia.

Juan Pablo II nos ha señalado que la crisis moral depende de la crisis antropológica.  La encíclica Veritatis Splendor ha señalado que la solución a la crisis moral pasa por el principio antropológico, es decir, por una correcta comprensión de la condición humana.

Los invito a reflexionar en estas iluminadoras palabras de Juan Pablo II.

“La cultura contemporánea ha perdido en gran parte este vínculo esencial entre Verdad-Bien-Libertad y, por tanto, volver a conducir al hombre a redescubrirlo es hoy una de la exigencias propias de la misión de la Iglesia, por la salvación de mundo”.

“La pregunta de Pilato: ‘Qué es la verdad?, emerge también hoy desde la triste perplejidad de un hombre que a menudo ya no sabe quién es, de dónde viene ni a dónde va.  Y así asistimos no pocas veces al pavoroso precipitarse de la persona humana en situaciones de autodestrucción progresiva.  De prestar oído a ciertas voces, parece que no se debiera ya reconocer el carácter absoluto indestructible de ningún valor moral.  Está ante los ojos de todos el desprecio de la vida humana ya concebida y aún no nacida; la violación permanente de los derechos fundamentales de la persona; la inicua destrucción de bienes necesarios para una vida meramente humana.  Y lo que es aún más grave: el hombre ya no está convencido de que sólo en la verdad puede encontrar la salvación.  La fuerza salvífica de la verdad es contestada y se confía sólo a la libertad, desarraigada de toda objetividad, la tarea de decidir autónomamente lo que es bueno y lo que es malo”.

Este relativismo se traduce, en el campo de la vida espiritual, en la desconfianza en la sabiduría de Dios, en el plan de Dios que guía al hombre con la ley moral(…). En definitiva, desconocen que la ley de Dios es siempre el único verdadero bien del hombre”. (VS n. 84)

-El Hombre es una realidad más allá de cualquier invención ideológica. El gran teólogo Karl Rahner habla de comenzar con recuperar el valor de la dignidad humana: “En general, dignidad significa, dentro de la variedad y heterogeneidad del ser, la determinada categoría objetiva de un ser que reclama -ante sí y ante los otros- estima, custodia y realización (…). En último término se identifica objetivamente con el ser de un ser”.

Qué bueno sería que desde nuestra Pastoral Familiar trabajásemos porque a ningún ser humano, pobre o rico, le faltara este mínimo humano: estima, cuidado y realización. Una persona en estas condiciones de humanidad, jamás levantará la mano para herir, ofender y menos para atentar contra el valor sagrado de vida.

Se necesita reconocer el carácter sustantivo de la condición humana.  El hombre es la realidad más consistente; más aún, como el núcleo fontal de toda realidad.  El hombre es una realidad más allá de la invención ideológica. Desde los datos de las diversas ciencias (biología, psicología, filosofía, etc.) se puede formular un acercamiento a la comprensión integral del ser humano en cuanto ser de significados últimos y de valores absolutos, sin caer en reduccionismos.

Esto conduce a la comprensión  del hombre como subjetividad.  Desde esta original condición de sujeto cabe hacer la distinción entre “cosa” y “persona”.  La lengua lo distingue:  algo y alguien, nada y nadie, qué y quién.

Al reconocer la consistencia del hombre en cuanto sujeto real, se comprende lo humano no desde las “mediaciones” (políticas, económicas, culturales), sino desde la originalidad de su propio ser.  Las mediaciones tienen importancia en la construcción de la historia humana, pero siempre desde la presencia original e inmediata de la persona.  De este modo adquiere relieve el carácter único e insustituible del ser humano.  Cada hombre goza del valor de ser humano únicamente en la calidad y no en la cantidad.

Dese esta comprensión del ser humano como persona se puede plantear el proyecto ético de la historia humana. Con esto no se pretende oscurecer la importancia de las  “mediaciones” sociales para la comprensión de lo humano. Toda transformación económica y política cobra densidad humanizadora si parte de la afirmación del valor primordial del hombre como sujeto, es decir, como persona.

Cristianos, creyentes y no creyentes, pensadores en general están de acuerdo en que el hombre constituye un centro de valor y hay una convergencia hacia el reconocimiento de la grandeza y dignidad del hombre y que es al hombre al que hay que salvar.

Este es también el criterio para entender la relaciones de Dios con el hombre: “Dios llama ciertamente a los hombres para servirle en espíritu y en verdad, en virtud de los cual esto quedan obligados en conciencia pero no coaccionados.  Porque Dios tiene en cuenta la dignidad de la persona humana que El mismo ha creado, la cual debe regirse por su propia determinación y gozar de libertad” (Vaticano II).

La doctrina social de la Iglesia encontró en el concepto de grandeza/dignidad Humana la traducción adecuada del valor ético. Los obispos en Puebla consideran la dignidad humana como la expresión de la “verdad sobre el hombre”, uno de los tres núcleos básicos del contenido de la Evangelización en el presente y futuro de América Latina (verdad sobre Cristo, verdad sobre la Iglesia y verdad sobre el hombre).  Por su parte Juan Pablo II afirma que “en realidad ese profundo estupor respecto al valor y a la dignidad del hombre se llama Evangelio, es decir, Buena Nueva.  Se llama también cristianismo. (Juan Pablo II, Redemptor hominis ns.13-17).

Los recuerdo a todos con cariño sacerdotal y los confío a todos a los corazones amantes de Jesús y de María.

P. Raúl Téllez V. CJM
Director Pastoral familiar “Minuto de Dios”
rtellezv@hotmail.com

La Genitorialidad: Ser Padre y ser Madre

La Genitorialidad: Ser “Padre” y ser “Madre”

“Genitorialidad” es una palabra nueva para nombrar una realidad antigua.  Este sustantivo italianizante proviene de progenitores (genitores en latín) e indica la compleja realidad de ser padre y de ser madre.  El concepto y la realidad de la “genitorialidad” han de ser entendido con el concepto y la realidad de la “filiación”, ya que son dos conceptos correlativos.

La definición de la genitorialidad expresa  el significado de la transmisión de la vida dentro de la especie humana. Tiene, obviamente, un componente biológico; pero este nivel biológico queda plenificado  por los significados específicamente humanos: psicológicos, relacionales, culturales, religiosos, etc.

Juan Pablo II propone una noción completa de genitorialidad al afirmar:  “La paternidad y maternidad humanas, aun siendo biológicamente parecidas a las de otros seres de la naturaleza, tienen en sí mismas, de manera esencial y exclusiva, una ‘semejanza’ con Dios, sobre la que se funda la familia, entendida como comunidad de vida humana, como comunidad de personas unidas en el amor (communio personarum). (Carta a la familias n.6).

El mismo Juan Pablo II va a insistir en muchas ocasiones sobre este significado amplio y profundo de las realidades de la paternidad/maternidad:

“En su realidad más profunda, el amor es esencialmente don y el amor conyugal, a la vez que conduce a los esposos al recíproco ‘conocimiento’ que les hace ‘una sola carne’ (Gén 2,24), no se agota dentro de la pareja, ya que los hace capaces de la máxima donación posible, por la cual se convierten en cooperadores de Dios en el don de la vida a una nueva persona humana.  De este modo los cónyuges, a la vez que se dan entre sí, dan más allá de sí mismos la realidad del hijo, reflejo viviente de su amor, signo permanente de la unidad conyugal y síntesis viva e inseparable del padre y de la madre”.

En la misma Familiaris consortio n. 14 agrega:  “Al hacerse padres, los esposos reciben de Dios el de una nueva responsabilidad.  Su amor paterno está llamado a ser para los hijos el signo visible del mismo amor de Dios, ‘del que proviene toda paternidad en el cielo y en la tierra’ (Ef 3,15)”.

El Papa también es consciente de las dificultades que están viviendo hoy muchas parejas que no pueden concebir un hijo:  “Sin embargo, no se debe olvidar que incluso cuando la procreación no es posible, no por esto pierde su valor la vida conyugal.  La esterilidad física, en efecto, puede dar ocasión a los esposos para otros servicios importantes a la vida de la persona humana, como por ejemplo, la adopción, las diversas formas de obras educativas, la ayuda a otras familias, a los niños pobres o minusválidos”. Ana antes del nacimiento de su hijo Samuel vivía desconsolada y Alcaná, su marido le dijo: Ana, ¿por qué te afliges? ¿No valgo yo para ti más que diez hijos? (1ª Samuel 1,8)

Veamos ahora unas nuevas formas de genitorialidad. La descomposición de la familia, por razón de la separación o del divorcio ha dado lugar a la presencia normal de una figura parental: LOS NUEVOS “PADRASTOS” Y NUEVAS “MADRASTAS”.  Estas figuras nos muestras, que culturalmente hablando, se puede tener más de un “padre” y una “madre”.  Por otra parte, su presencia origina notables cambios en la organización de las relaciones entre los padres, tanto biológicos como jurídicos y culturales, y entre los padres (biológicos y culturales) y los hijos (biológicos o culturales).  Y la misma convivencia fraternal entre los “míos”, los “tuyos”, los “nuestros” como en las familias recompuestas.

Como se ve, las relaciones intrafamiliares adquieren una complejidad nueva y se requieren nuevos aprendizajes para estas nuevas formas de genitorialidad.  La experiencia indica, por ejemplo, que es más difícil ser madrasta que ser padrastro. En estos años he presenciado y bendecido el matrimonio de parejas que aportaban los hijos de uniones precedentes y he encontrado en varios esposos corazones muy generosos capaces de acogerlos como  a sus propios hijos.

Veamos algunos “impactos” que recibe hoy la “genitorialidad”:

-La prolongación de la presencia del hijo en el hogar origina, en consecuencia, un alargamiento de la genitorialidad:  los padres son “padres” durante más tiempo.

-La limitación del número de hijos hace que la genitorialidad se contraiga y se manifieste con toda su fuerza sobre en número reducido de hijos (uno o dos).

-La cultura actual tiende a  sobre-culpabilizar a los padres de los males que producen  los hijos y los males que éstos realizan.

-En términos generales, se ha producido una disociación entre conyugalidad y genitorialidad:  una cosa es ser “cónyuges” y otra distinta es ser “progenitores”.

El Papa Juan Pablo II era consciente de las crisis que producen los cambios en la familia tradicional:

“La experiencia enseña que el amor humano, orientado por su naturaleza hacia la paternidad y hacia la maternidad, se ve afectado  a veces por una crisis profunda y por tanto se encuentra amenazado seriamente. En tales casos, habrá que pensar en recurrir a los servicios ofrecidos por los consultorios matrimoniales y familiares, mediante los cuales  es posible encontrar ayuda, entre otros, de psicólogos y psicoterapeutas específicamente preparados.  Sin embargo, no se puede olvidar que son siempre válidas las palabras del Apóstol:  ‘Doblo mis rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra’ (Ef 3,14-15)”. La Maternidad y la Paternidad hace parte del bello misterio de Dios.

Y terminamos con esta profesión de fe del Papa que nosotros en Comunidad Alegría y en la Pastoral Familiar del Minuto de Dios hemos asumido con todo convencimiento:

“El matrimonio, el matrimonio sacramento, es una alianza de personas en el amor. Y el amor puede ser profundizado y custodiado solamente por el Amor, aquel Amor que es ‘derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que  nos ha sido dado’ (Rm 5,5)”(…). La oración de la Familia, ¿no debería concentrarse en el punto crucial y decisivo del paso del amor conyugal a la generación y, por tanto, a la paternidad y maternidad? (…). El Apóstol, doblando sus rodillas ante el Padre, lo invoca para que ‘conceda… ser fortalecidos por la acción de su Espíritu en el hombre interior’ (Ef 3,16).  Esta ‘fuerza del hombre interior’ es necesaria en la vida familiar, especialmente en sus momentos críticos es decir, cuando el amor –manifestado en el rito litúrgico del consentimiento matrimonial con la palabras:  ‘Prometo serte fiel… todos los días de mi vida’- está llamado a superar una difícil prueba”. (Carta a las Familias n. 7).

Les informo que estamos preparando ya nuestro próximo Congreso Regional de Matrimonio para el sábado 8 de octubre en el Colegio Virrey Solís. Tendremos como predicador invitado al Padre Charly García.  Espero encontrarlos  y poder renovar esa bella comunión espiritual entre todas las parejas de los Encuentros de Renovación Matrimonial.

Los recuerdo a todos/as en mi oración y los entrego a los corazones amante de Jesús y de María,

Fraternalmente,

P. Raúl Téllez V. CJM
Director Pastoral familiar “Minuto de Dios”
rtellezv@hotmail.com

El secreto de Nazaret

El secreto de Nazaret

“El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría y la gracia de Dios estaba sobre él. Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando cumplió los doce años, subieron como de costumbre como a la fiesta. (…). Bajó con ellos, vino a Nazaret y vivió sujetó a ellos.  Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón.  Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres”. (Lc 2. 40-42.51-52).

“Las palabras que abren el pasaje delinea con pocos rasgos el «secreto de Nazaret». Es el lugar para crecer en sabiduría y gracia de Dios, en el contexto de una familia que acoge y engendra. «El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él». El misterio de Nazaret nos dice de modo sencillo que Jesús, la Palabra que viene de lo alto, el Hijo del Padre, se hace niño, asume nuestra humanidad, crece como un muchacho en una familia, vive la experiencia de la religiosidad y de la ley, la vida cotidiana marcada por los días de trabajo y por el descanso del sábado, el calendario de las fiestas. El «hijo del Altísimo» hace experiencia de la fragilidad y de la pobreza, es acompañado por los pastores y por personas que expresan la esperanza de Israel. Pero el misterio de Nazaret es mucho más: es el secreto que ha fascinado a grandes santos.

En efecto, las frases que cierran el episodio dicen que Jesús «bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón. Jesús crecía en sabiduría, en estatura (madurez) y en gracia ante Dios y ante los hombres». He aquí el misterio profundo de Nazaret: Jesús, la Palabra de Dios en persona, penetró en nuestra humanidad durante treinta años. Las palabras de los hombres, las relaciones familiares, la experiencia de la amistad y de la conflictividad, de la salud y de la enfermedad, de la alegría y del dolor se convierten en lenguajes que Jesús aprende para decir la Palabra de Dios.

De dónde vienen, si no es de la familia y del ambiente de Nazaret, las palabras de Jesús, sus imágenes, su capacidad de mirar los campos, el campesino que siembra, la mies rubial, la mujer que amasa la harina, el pastor que ha perdido a su oveja, el padre con sus dos hijos. ¿Dónde aprendió Jesús su sorprendente capacidad de contar, imaginar, comparar, rezar en la vida y con la vida? ¿No vienen acaso de la inmersión de Jesús en la vida de Nazaret? Por esto decimos que Nazaret es el lugar de la humildad y del ocultamiento. La Palabra se esconde, la semilla baja al centro de la tierra y muere para dar como don el amor mismo de Dios, es más, el rostro paterno de Dios. Este es el misterio de Nazaret.

Los vínculos familiares dejan huella en la vida de las personas. Jesús vive en una familia marcada por la espiritualidad judía y por la fidelidad a la ley: «sus padres iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de Pascua en peregrinación. Cuando cumplió los doce años, subieron como de costumbre a la fiesta». La familia y la ley son el contexto en el cual Jesús crece en sabiduría y gracia.

La familia judía y la religiosidad judaica, una familia patriarcal y una religión doméstica, con sus fiestas anuales, con el sentido del sábado, con la oración y el trabajo diario, con el estilo de un amor de pareja puro y tierno, permiten comprender que Jesús vivió a fondo su familia.

También nosotros crecemos en una familia humana, dentro de vínculos de acogida que nos hacen crecer y responder a la vida y a Dios. También nosotros llegamos a ser lo que hemos recibido. El misterio de Nazaret es el conjunto de todos estos vínculos: la familia y la religiosidad, nuestras raíces y nuestra gente, la vida cotidiana y los sueños para el mañana. La aventura de la vida humana parte de lo que hemos recibido: la vida, la casa, el afecto, la lengua, la fe. Nuestra humanidad la forja una familia, con sus riquezas y sus miserias”.

Esta es parte de una de las bellas catequesis de preparación el VI Encuentro Mundial de las Familias con el Papa, que se realizará a finales de mayo del 2012 en la ciudad de Milán (Italia).

Ahora que nos acercamos a celebrar el misterio de la Navidad y el comienzo de un nuevo año civil, invito a todos los hogares a que se regalen espacios para compartir la alegría de su fe, de su amor y de su esperanza.  En los hogares donde está la presencia de ese  Dios cercano y humilde, manifestado en la pobreza de Belén allí siempre hay futuro, hay calor de hogar, hay razones para luchar y para construir una familia y un mundo mejor.

Quiero desearles a cada uno de ustedes una feliz Navidad 2011 y un comienzo del año con las mejores bendiciones del Señor y la protección de la Virgen María.  Gracias por ese granito de arena que cada pareja y familia están colocando en este bello trabajo de la Pastoral Familiar Carismática: Encuentro de Renovación Matrimonial, Encuentro de Renovación para Novios, Seminario de Vida en el Espíritu para parejas, Misiones, Asesorías Casa Alegría, Asamblea familiar de los viernes, programa radial, etc.

Los recuerdo a todos en mi oración y los entrego a los corazones amantes de Jesús y de María,

P. Raúl Téllez V. CJM
Director Pastoral familiar “Minuto de Dios”
rtellezv@hotmail.com

La Familia: El lugar de realización personal por excelencia

La Familia:  El lugar de realización personal por excelencia

Cada año que Dios nos regala es una gran oportunidad para realizarnos como personas, familias y comunidad. Nos espera un año particularmente intenso para la Pastoral Familiar, por muchos  justamente llamada la “espina dorsal y fundamento vivo” de toda la obra evangelizadora de la Iglesia en general.

En este año tendrá lugar el VII Encuentro Mundial de las Familias con el Santo Padre en Milán sobre el testimonio de la familia en el difícil equilibrio entre Familia, Trabajo y Fiesta, esto es, en el sabio uso del tiempo para hacer de la familia más fecunda y bella, un lugar de auténtica realización humana.

La “realización verdadera” consiste en alcanzar la perfección personal de acuerdo a los fines con los que fuimos creados.  El fundamento  más profundo de la dignidad humana reside en que el hombre es imagen de Dios (Gen 1, 26-27) y está ordenado a Dios, a quien debe volver (Sto. Tomás). El hombre es un ser para Dios de quien recibe su perfección.

El hombre, cuando nace, recibe un “ser con libertad” junto con un “fin personal” al que debe acercarse progresivamente.  Cada hombre, a lo largo de su vida, se encuentra a una distancia determinada de su fin personal.  Recorrer libremente esa distancia es “realizarse”.  En la medida en que el hombre se encuentra alejado de su fin, es una realización imperfecta de la persona, por lo que debe aprender a ser persona y mejorar como persona.

La tarea de hacerse así mismo hombre es un proceso de autoposesión.  No hay auténtica realización de sí mismo sin dominio de sí mismo, que es autoposesión y liberación frente a las cosas y frente a las tendencias egoístas del hombre.  El dominio de sí mismo hace al hombre más libre y con más capacidad de amar.

Hoy no es raro escuchar, en ciertos ambientes, personas con una interpretación incorrecta de la expresión “realización personal”.  Para ellos el prefijo “auto” indica que la realización no se plantea en función de unos fines prefijados por un ser Superior, sino que el hombre se fija así mismo su propio proyecto de existencia, esto es, se “autorealiza”. Pero, el hombre encerrado en sí mismo es incapaz de olvidarse de sí mismo, lo que a su vez, le impide proyectarse a los demás para servirles. Termina encerrado en una autocontemplación narcisista, en una exaltación del propio yo, en un cosificarse, viviendo  un individualismo feroz.

Dentro de los ámbitos posibles de la realización personal, hay que destacar cinco:  1. La familia (siendo un buen esposo, buen padre o buen hijo), 2. El trabajo profesional (siendo un profesional competente y responsable), 3. Las relaciones de amistad (siendo un buen amigo), 4. La vida social (siendo un buen ciudadano), 5. El tiempo libre (manejando los tiempos libres en el desarrollo de su personalidad-Fiesta).

El trabajo, en efecto, es esencial para el mantenimiento de la familia, pero también, la posibilidad de hacer la fiesta y de vivir la alegría, al menos cuando se celebra y cuando es vivida sin exageraciones. La fiesta es el necesario momento de reposo que recrea y cuida la calidad de las relaciones personales y, a través de momentos celebrativos y caritativos, dona una luz nueva al camino que hacen los miembros de la familia.

La familia misma, que es el conjunto de los protagonistas de la vida, tiene muchas y variadas posibilidades de vivir el trabajo y de celebrar la fiesta.  Por eso la persona y la familia necesitan de un atento discernimiento de  qué es lo que cuenta y construye, y de lo que dispersa y daña, para poder escoger entre las distintas oportunidades de sentido o no sentido.

Son temas importantes que pueden ayudar a las personas a hacer crecer la calidad de la vida; son temas todavía más actuales en este nuestro tiempo, caracterizado por la crisis económica mundial que permanece de hace algunos años y que se prevé durará todavía.

Recordamos las Palabras de beato Juan Pablo II: “La existencia del hombre tiene un carácter familiar”.  Cada persona necesita el trato personal propio de la familia:

-Desde antes de nacer:  ser esperado y recibido con el cariño y el respeto que necesita como persona;

-A lo largo de la vida:  ser escuchado, comprendido, exigido, estimulado… para crecer como persona.

-Al final de la vida:  ser ayudado a bien morir como persona, en un ambiente de afecto.

Solamente en una comunidad como la familia de convivencia tan intensa y de relaciones tan informales, donde las personas se comportan con tanta espontaneidad y naturalidad; solamente en un ambiente en el que cada persona se siente querida por sí misma –y no por lo que hace o por lo que tiene- es posible la “realización auténtica de la persona”.

A los pies de la Sagrada Familia de Jesús, de María y de José confío todas las familias de la Comunidad Alegría, de la Asamblea de los Viernes, a las parejas que Dios nos enviará este año 2012 a los Encuentros de Renovación Matrimonial y de Renovación para Novios, a nuestro Congreso Regional de Matrimonios y a todas las asesorías y eventos de la Pastoral Familiar del Minuto de Dios.

En Jesús y María,

P. Raúl Téllez V. CJM
Director Pastoral familiar “Minuto de Dios”
rtellezv@hotmail.com

La victoria del resucitado en las familias

La victoria del Resucitado en las familias

La resurrección de Cristo es un acontecimiento no solo para meditar y admirar, sino sobre todo para vivir:  transformó la vida de los primeros discípulos, llenos de miedos, complejos, de prejuicios y bloqueos de todo clase que los condujo a abandonar  a su  Maestro en el momento crucial e inclusive, a Judas, a traicionarlo  y abrió para ellos caminos nuevos.  La mayoría de  humanistas y sicólogos afirman que la capacidad para afrontar los problemas es uno de los mayores signos de madurez humana.  Y esa capacidad se manifiesta, en primer lugar, por el coraje de ver las cosas de frente, sin rodeos, sin maquillajes.  Ver la realidad lo más objetivamente que se pueda.  No querer ahogar las dificultades en el licor, no esconder los conflictos con la mentira, resistir a la tentación de huir a los problemas con el activismo o las drogas, o las adicciones de toda clase como lo vemos hoy, tristemente en algunas personas.

Sobre este punto la fe en la victoria del resucitado nos enseña algo que los humanistas y sicólogos no tienen por qué decir y los encontramos en muchos pasajes del Nuevo Testamente como en Romanos 8: “Ante esto ¿Qué diremos?  Si Dios está por nosotros ¿quién contra nosotros?

El que  no perdonó ni a su propio Hijo, antes bien lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con el graciosamente todas las cosas?” (vs.31-32).

Hay personas que viven cargando sus propias tristezas, fallas y pecados y las de los demás, impidiendo un caminar libre y sereno, a ellos la Palabra les dice:

“¿Quién acusará a los elegidos de Dios?  Dios es quien justifica.  ¡Quién condenará? ¿Acaso Cristo Jesús, el que murió; más aún el que resucitó, el que está a la diestra de Dios e intercede por nosotros? (vs. 33-34)

Una persona, pareja o familia que han vivido la experiencia del resucitado podrán decir con un tono de optimismo realista frente a toda clase de problemas, lo que nos enseña San Pablo, porque hay una confianza en lo profundo del alma que le dice al creyente:

¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación, ¿la angustia?, la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, la espada?, como dice la Escritura:  por tu causa somos muertos todo el día, tratados como ovejas destinadas al matadero. “Pero en todo salimos más que vencedores gracias a  aquel que nos amó”  (vv. 35-37)

Como a Simón Pedro a la pareja y/o familia, se le pide renunciar a todo su pasado de muerte,  su vida de pescador oscuro para entrar en el mundo nuevo de la Resurrección, con una mentalidad abierta a toda la humanidad, empezando por los romanos, odiados imperialistas de su momento histórico. Significa vivir aprendiendo de las lecciones que nos ha dejado un pasado, casi siempre lejos del Señor, pero abiertos a la novedad de la acción liberadora de Jesucristo, que en medio de la tormenta es como un ancla: el amor sin límites de Dios, como lo afirmaba San Pablo: salimos más que vencedores gracias a aquel que nos amó.

Desde el Sábado Santo, en esta noche Pascual, todo se ha iluminado, todo resplandece, todo habla de vida, porque la muerte, el dolor y el sufrimiento no son más fuertes que Dios.  Todo está en manos de Dios que sabe sacar cosas buenas de las malas, como supo sacar vida de una cruz.

Cristo ha Resucitado, el Crucificado ha vencido la Muerte.  Su programa y su proyecto no eran solo ilusión, Dios lo ha respaldado dándole la razón contra sus verdugos. Por eso, en este tiempo Pascual,  toda persona, pareja y familia  renace a la esperanza: la resurrección es la última palabra, los problemas, la muerte es la penúltima, el Amor Victorioso de Dios no hace renacer a la vida por el bautismo, por la eucaristía, el don del Espíritu que nos revive y libera de lo que nos oprime: el pecado, que como afirma Benedicto XVI es “la negación de la verdad más profunda de nuestro ser”.

Dejemos que la alegría del Espíritu inunde nuestros corazones, y que esa alegría sea nuestra fuerza para vivir como familias resucitadas en este mundo, donde tenemos que cargar diariamente la cruz de la fidelidad a Dios y a nuestros compromisos.  Nadie debe sentirse excluido, todos tienen la puerta abierta para para entrar a vivir el misterio de Dios, con los pies en la tierra pero la vida toda marcada por ese nuevo ser que lleva en sí y que le pide actuar como hijo de Dios en su paso por la tierra, luchando por construir cada día un mundo más justo y más humano, a partir de ser una mejor persona y pareja, para lograr ser una mejor familia.

Les comunico la buena noticia a todos que el próximo sábado 16 de junio estaremos celebrando las bodas de plata de nuestra querida Comunidad Matrimonial “Alegría”. Lo convoco desde ya a reunirnos en el coliseo del Colegio San Façons en una bella jornada de acción de gracias, alabanza y predicación con una pareja predicadora, invitada desde el Brasil.  Ninguno que haya recibido una bendición a través de esta comunidad, responsable de la Pastoral Familiar del Minuto de Dios, puede faltar.  Los espero.

Los recuerdo a todos en mi oración y les renuevo mi afecto y cercanía en mi oración personal. Los entrego a los corazones amantes de Jesús y de María,

P. Raúl Téllez V. CJM
Director Pastoral familiar “Minuto de Dios”
rtellezv@hotmail.com

Convocatoria a la primera gran Fiesta del Perdón y de la Reconciliación

Convocatoria a la primera gran “Fiesta del Perdón y de la Reconciliación”

El próximo VIERNES 5 de OCTUBRE estaremos celebrando, en el teatro del Minuto de Dios, la GRAN FIESTA DEL PERDON Y DE LA RECONCILIACIÓN de todas las parejas que han hecho sus Encuentros de Renovación Matrimonial, los Encuentros de Renovación Para Novios en el Minuto de Dios y de todas las personas, las parejas y las familias que quieren sanar, profundizar y renovar sus vidas, sus relaciones y reemprender con nuevas fuerzas el “camino del amor”.

La experiencia nos enseña que el amor humano en la pareja y en la familia se ve afectado  por  múltiples ofensas como: el adulterio, la infidelidad, el alcoholismo, los celos enfermizos, el mal genio y las neurosis, la falta de diálogo, la violencia intrafamiliar, entre otras. Algunas parejas manifiestan fragilidades como las amistades compensatorias fuera de la casa, los terceros entrometidos, la crisis económica, la falta de trabajo, o el demasiado trabajo, la TV compulsiva, el internet, la indiferencia, la monotonía, el enfriamiento y las insatisfacciones en la relación.

La infidelidad, por ejemplo, es uno de los motivos más frecuentes de crisis de pareja e incluso de ruptura matrimonial. Y paradójicamente es una de las “vías de escape” a las malas relaciones entre los esposos o de falta de comunicación o de intimidad sexual entre los mismos. Es decir, la infidelidad puede ser una “causa” o convertirse en una “consecuencia”.

Hoy día es un tema que ha salido a la luz, es decir, que ya no es tabú como en otros tiempos, y por tal motivo “muchos se atreven a perdonar” un conflicto de este tipo a los fines de rescatar años de matrimonio y de amor.

Según estadísticas actuales que nos ha brindado un diario de gran circulación:  “6 de cada 10 colombianos confiesan haber sido infieles”.  Y el 65% de los que se declaran fieles “pecarían” si supieran que nos los van a pillar. Los infieles estarían menos dispuestos a perdonar un engaño (42.7%) que los que han sido fieles, (47.5%).

La motivaciones de la infidelidad”:  1 de cada 4 se escuda que lo hizo por “falta de atención de su pareja”, la mitad de los colombianos admiten que lo hace por “oportunidad”, “curiosidad” y “búsqueda de emociones nuevas”.  El 63% asegura que no lo han pillado. La infidelidad es unisex, sólo el 42% de las mujeres consultadas admitió haber engañado alguna vez a su pareja, mientras que en los hombres el resultado fue del 82%. El estudio no ahonda en las razones de esta disparidad, pero dos cosas son claras: o los hombres le son infieles a sus parejas con mujeres solteras o sin relación formal, o ellas siguen siendo más reservadas a la hora de confesar sus infidelidades, cosa que no nos debe extrañar en esta sociedad que sigue siendo machista. “Los hombres presumen con la infidelidad, y muchas mujeres jamás  lo admitirán”. (sexóloga Martha Mejía) (Cfr. El Tiempo, 19 de agosto 2012.  Encuesta realizada por Datexco Company a hombres y mujeres mayores de 18 años, en 13 ciudades colombianas en junio del 2012, fecha de entrega del informe 27 de junio del 2012).

Pero la gran pregunta a este tipo de crisis es ¿cómo perdonar una infidelidad? Hay muchos esposos que ante una situación de estas características deciden enfrentar este problema tomando las responsabilidades del caso. El que fue infiel puede aceptar su grave error, dejar su relación paralela y luchar por su matrimonio, y el que fue engañado admitir su parte del problema y predisponerse a volver a confiar en el otro.

Es que no hay que olvidarse de que aquí se ponen en juego muchos valores como la confianza, el amor, el respeto, que el matrimonio ha construido desde hace años. Cuando estos sentimientos se ven traicionados, se genera una crisis no solo conyugal sino también familiar y puede causar heridas a los más débiles e inocentes que son los hijos y dañar todo el bello entorno que se tenía, empezando por  las familias de origen y los amigos.

En esta gran “Fiesta del Perdón y de la Reconciliación” partimos de un gran convencimiento  personal: si algo importante debemos aportar los cristianos a este mundo roto y divido, violento, injusto y con frecuencia cruel, sobre todo con los más débiles, es precisamente la “reconciliación”, el “perdón”, la “paz”; estas son expresiones frecuentes, que indican actitudes y acontecimientos positivos y gratificantes  que todos esperamos a nivel familiar, social, nacional y mundial.

Tratar de la reconciliación y del perdón es referirse a una “hermosa tarea”, cargada de responsabilidad y deseos de bien y de paz, con los que siempre nos encontramos en deuda.  Si miramos nuestra historia, existen muchas situaciones personales y colectivas de “perdón dado o de perdón recibido”.  Hay muchas formas de expresarlo y realizarlo y muchas intensidades en vivirlo.  Se puede afirmar que así como un matrimonio/familia descubre su sinsentido en la historia de sufrimiento, que engendra el egoísmo, el corazón endurecido (cfr. Mt 19,8) y la injusticia y conduce a la división y el conflicto, de igual modo encuentra su sentido en la historia del perdón y la reconciliación, que conduce a la paz interior y exterior, a la convivencia tolerante y pacífica.

Cuando existen  ofensas que las parejas consideran imperdonables, es cuando necesitan hacer un acto de fe en la Palabra de Dios, en el misterio del  Calvario y en la gracia sacramental del matrimonio.  Los cónyuges están llamados a contemplar la Pasión de Jesús como la ofensa más grande, debido a la identidad y situación de la víctima: el Hijo de Dios y su absoluta inocencia:  A quien no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que viniéramos a ser justicia de Dios en él (2 Co 5,21), y el lugar del perdón más grande, es decir, la fuente de gracia donde ha de nacer la capacidad de perdonar de los esposos:

La exhortación de la Carta a los Colosenses, en un contexto comunitario, la pudiéramos leer en clave conyugal/familiar:

“…soportándose unos a otros, y perdonándose mutuamente, si alguno tiene queja contra otro. Como el Señor los perdonó, perdónense también ustedes. Y por encima de todo esto, revístanse del amor, que es el broche de la perfección”. (Col 3, 13-14).

Podríamos afirmar, con J. Laffitte, de que la cruz es la fuente de todos los perdones: el fundamento de esta iniciativa de perdón se halla en la libre voluntad de Jesús, en la gratuidad de sus sentimientos: Nadie me quita la vida, yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo (Juan 10, 18). Ser perdonado demanda saber perdonar, y con la misma gratuidad.  Eso es lo que se exige al creyente en un Dios de bondad.  Un amor que no se basa, en última instancia, en los méritos de las personas que lo reciben sino en la manera propia de ser y de actuar de quien lo da.

Perdonar es liberar.  Se libera al perdonado de su falta y de su angustia, así como se libera el que perdona de su resentimiento o de su rencor.  Perdonar es dar vida: esto debe caracterizar a las parejas seguidoras de Jesús.  Negarse a hacerlo, o hacerlo limitadamente es negarse a creer en el Dios de la vida que, como dice la Biblia repetidamente, “perdona y olvida el pecado”.

Hemos preparado un “gran programa” con la predicación del Padre Diego Jaramillo sobre el tema “La escuela del perdón”, el concierto y  la predicación de Jesús y Diana, esposos que han desarrollado un bello ministerio de evangelización con las familias en los EEUU, los testimonios de parejas de la Comunidad “Alegría”, tendremos una profunda oración de sanación interior y la animación del grupo musical “Carisma Verde”.

Espero que muchas  parejas/familias respondan a este llamado y así estrechar los lazos de nuestra gran fraternidad que es la comunidad Matrimonial Alegría y la Pastoral Familiar del Minuto de Dios.

Los recuerdo a todos en mi oración y los confío a los corazones amantes de Jesús y María,

P. Raúl Téllez V. CJM
Director Pastoral familiar “Minuto de Dios”
rtellezv@hotmail.com

Las nuevas ideologías radicales del “género”: Amenaza a la Fe Cristiana y destrucción de la familia natural

Las nuevas ideologías radicales del “género”: Amenaza a la Fe Cristiana y destrucción de la familia natural

En este primer boletín del comienzo del año 2013, “el año de la fe”, quiero saludar a cada una de las parejas y familias que se acercan a la Pastoral Familiar del Minuto de Dios y a la Comunidad Matrimonial “Alegría” y desearles  las más grandes bendiciones en el amor de Jesús y de María.

Quiero proponerles a todos un tema de reflexión  que está en mi corazón de pastor, por la problemática que estoy escuchando en la entrevistas con parejas y padres de familia, y que hace 23 años, cuando inicié este servicio no advertía.  Se trata de la radical ideología de GÉNERO. La fuente de esta reflexión la tomo del  Observatorio Internacional Cardenal Van Thuân en la Enseñanza social Católica, Rapporto sulla Dottrina sociale nel Mondo 2012 [Informe acerca de la Doctrina social de la Iglesia en el Mundo 2012], Edizioni Cantagalli, Siena 2012.

El gran rabino de Francia, Gilles Bernheim, en un tratado cuidadosamente documentado y profundamente conmovedor, ha mostrado que atentar, a lo que hoy estamos expuestos, a la auténtica forma de la familia, compuesta por padre, madre e hijo, tiene una dimensión aún más profunda. Si hasta ahora habíamos visto como causa de la crisis de la familia un malentendido de la esencia de la libertad humana, ahora se ve claro que aquí está en juego la visión del ser mismo, de lo que significa realmente ser hombres. Cita una afirmación que se ha hecho famosa de Simone de Beauvoir: “No se nace mujer, se llega a serlo”.

En estas palabras se expresa la base de lo que hoy se presenta bajo el lema “gender” –“género”-, como una nueva filosofía de la sexualidad. Según esta filosofía, el sexo ya no es un dato originario de la naturaleza, que el hombre debe aceptar y llenar personalmente de sentido, sino un papel social del que se decide autónomamente, mientras que hasta ahora era la sociedad la que decidía.

La falsedad profunda de esta teoría y de la revolución antropológica que subyace en ella es evidente: el hombre niega tener una naturaleza preconstituida por su corporeidad, que caracteriza al ser humano. Niega la propia naturaleza y decide que ésta no se le ha dado como hecho preestablecido, sino que es él mismo quien se la debe crear.

Según el relato bíblico de la creación, el haber sido creados por Dios como varón y mujer pertenece a la esencia de la criatura humana. Esta dualidad es esencial para el ser humano, tal como Dios lo ha establecido.

Se concluye que para nuestra fe en el Dios Creador, la diferencia sexual como dato originario es un hecho irrenunciable.  Lo que impulsan esta ideología nos están diciendo que ya no es válido lo que leemos en el relato de la creación: «Hombre y mujer los creó» (Gn 1,27).  Sino que nacemos como seres abstractos, neutros y ahora somos nosotros mismos quienes hemos de decidir sobre esto, independientemente del dato natural.

Hombre y mujer como realidad de la creación, como naturaleza de la persona humana, ya no existen. El hombre niega su propia naturaleza.  Muchos deploramos la manipulación de la naturaleza por lo que se refiere al medio ambiente, pero aquí nos enfrentamos a una manipulación más perversa: cada uno puede hacer con su cuerpo lo que quiera, si desea un día ser hombre y al otro ser mujer.

Esto es una amenaza a la familia natural: si no existe la dualidad de hombre y mujer como dato de la creación, entonces tampoco existe la familia como realidad preestablecida por la creación. Allí donde la libertad “de hacer” se convierte en libertad “de hacerse por uno mismo”, se llega necesariamente a negar al Creador mismo y, con ello, también el hombre como criatura de Dios, como imagen de Dios, queda finalmente degradado en la esencia de su ser. En la lucha por la familia está en juego el hombre mismo. Y se hace evidente que, cuando se niega a Dios, se disuelve también la dignidad del hombre. Quien defiende a Dios, defiende al hombre.

En realidad el sexo desaparece en esta definición, queda absorbido por lo que se llama género y no sólo por el género como algo objetivo, cultural, sino por el género entendido como aquello que la persona siente, la vivencia íntima, el deseo.

Aquí el género está considerado en un sentido puramente inmanente, subjetivista, íntimo. En el fondo lo que pasa es que la libertad queda convertida en deseo, en puro deseo. Ya no es algo propio de la voluntad racional. No es algo que tiene que ver con las inclinaciones naturales a la verdad y al bien, con la naturaleza propia del ser humano que es varón o mujer, sino que es lo que yo deseo. Tengo derecho a cumplir mi deseo, porque soy libre; eso es la libertad.

También se observa que en la problemática del género así planteada entra el problema de la felicidad que es, en el fondo, el fin del hombre. Algunos filósofos han sostenido que la felicidad es el placer. Un viejo error,  reducir la felicidad al placer. En continuidad con lo que hemos señalado anteriormente, si no hay naturaleza sino cultura, y lo cultural es ahora lo natural; si la libertad es saciar a toda costa un deseo, cumplirlo, entonces quiere decir que la felicidad es simplemente el placer, y no la realización plena de la vida de la persona en todas sus dimensiones, sino el placer y fundamentalmente el placer sexual. Algunos comentaristas sugieren que ahora se abre un universo de erotismo totalmente nuevo, nuevas invenciones para darse el gusto, sin parámetro objetivo alguno.

Podemos preguntarnos entonces: ¿a qué queda reducido el ser humano?

Con razón el Papa Benedicto XVI insiste en que la problemática principal en la cultura contemporánea es la problemática antropológica, es decir la idea del hombre, la definición del hombre.

Hay que empezar recordando nuestras verdades fundamentales: “En el principio Dios creó al ser humano varón y mujer”, dice el Libro del Génesis; la idea del hombre, la realidad plena, total del ser humano tiene esta doble imagen diversa y complementaria: varón y mujer. La distinción y la complementariedad del varón y la mujer están orientadas a la continuidad de la humanidad sobre la tierra. En este hecho se expresa un designio divino que ni las ideologías, ni los legisladores  puede modificar arbitrariamente.

Reconocemos, tristemente, que la técnica ha hecho posible la “sexualidad desnaturalizada”, y por consiguiente, ha hecho que sea posible ser madre sin ser mujer, ser padre sin ser hombre, ser hombre aun siendo mujer y ser mujer aun siendo hombre, ser padre o madre sin saber de quién y ser hijo sin saber que de qué madre o de qué padre. La técnica hace posible, como puro ejercicio técnico por parte de un ser privado de la propia identidad. En la sociedad avanza la “absolutización de la sexualidad” en lugar del sexo, dejando a este último como algo de lo que solo habla la Iglesia católica.

La ideología gender es un nuevo colonialismo del occidente sobre el resto del mundo. Esta nueva colonización occidental es la exportación de la nada. Individuos abstractos y asexuados son, de hecho, privados de identidad si no aquella que ellos mismos arbitrariamente se dan. En su búsqueda de liberarse de todas las características naturales, eliminando la educación sexuada o sea identitaria, ellos aplazan su identidad a futuras elecciones y a futuros contratos con otros individuos, siendo vulnerables al peor de los condicionamientos, el condicionamiento de la nada.

La nueva ideología de género influye en todos los aspectos de la sociedad y la quiere fundar sobre bases antinaturales. En todos los estados en los cuales las parejas de hecho o las uniones homosexuales son reconocidas sigue inevitablemente la reforma del derecho de la familia, del régimen fiscal y de la finalidad y de los métodos de las estructuras educativas. La imposibilidad de condenar moralmente la homosexualidad para no peligrar el ser acusados de homofobia,  compromete la libre expresión de ideas, la educación de los hijos y conlleva dificultad para proponer públicamente el modelo de familia heterosexual. Las “nuevas familias” son promovidas por los medios de comunicación sin posibilidad de contradicción porque se trata de un pensamiento único que se impone.

Aboliendo por ley la familia natural, se impide hacer experiencia de familia. Hacer experiencia de familia tiene una función social, en cuanto que es la principal escuela de vida en sociedad, pero tiene también una función religiosa, porque todo el léxico de la vida cristiana es un léxico “familiar” y quien no sabe qué quiere decir Padre, Madre, Esposo, Esposa o Hijo no puede entender la revelación cristiana. No tener experiencia de familia natural destruye la sociedad y sobretodo destruye la Iglesia.

Concluye el informe del observatorio internacional Cardenal Van Thuân para la Enseñanza social Católica:  puede parecer, por estas nuestras palabras, que el futuro de la fe cristiana dependa de la dimensión natural de la procreación y de la familia, con la cultura que esto conlleva. En realidad es al contrario: es el futuro de la dimensión natural del bien humano el que depende de la fe cristiana.

Cuando los hombres se alejan de Cristo pierden de vista el auténtico bien del plano natural. Es por esto que el esfuerzo debe ser cultural, legislativo y político, por qué la procreación natural, la familia y el acoger una vida no sean reducidos a simples funciones, si no que sean vistas como expresiones del ser de una persona, en la complementariedad irreducible de hombre y mujer, sin hacerse ilusiones que esto pueda ser posible sin una profunda vida de fe y sin una nueva misionariedad religiosa, que hoy solemos llamar “Nueva Evangelización”.

Los recuerdo a todos en mi oración y les renuevo mi afecto y cercanía en mi oración personal. Los entrego a los corazones amantes de Jesús y de María,

P. Raúl Téllez V. CJM
Director Pastoral familiar “Minuto de Dios”
rtellezv@hotmail.com